Algunos libros son leídos, otros devorados, poquísimos masticados y digeridos.
(Francis Bacon)

martes, 4 de diciembre de 2012

La senda del perdedor - Charles Bukowski

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Autor: Charles Bukowski
Título original: Ham on Rye
ISBN:84-339-1268-2
Género: Literatura contemporánea
Fecha publicación: 1982
Fecha edición: 1987
Páginas: 288
 
Sinopsis:
Una novela autobiográfica, contundente como un preciso uppercut, que nos muestra una visión bien distinta del "Sueño Americano", una versión "desde abajo", desde los pisoteados y humillados: la infancia, adolescencia y juventus de Chinaski, en Los Ángeles, durante los años de la Depresión y la 2ª Guerra Mundial.
Un padre brutal que cada día finge acudir puntualmente al trabajo para que sus vecinos no sospechen que está en paro; una madre apalizada por el padre, pero que sin embargo está siempre de su parte; un tío a quien busca la policía; un mundo de jefes, de superiores aterrorizados por otros superiores.
El joven Chinaski -algo así como un hermano paria de Holden Cauldfiel, el dulce héroe de Salinger en Catcher in the rye (al que Bukowski parece aludir en el título origina Ham on Rye)- tiene que aprender las reglas implacables de una durísima supervivencia.
En este libro inolvidable, escrito con una ausencia total de ilusiones, se transparenta, evitando la autocompasión, una estoica fraternidad con todos los chinaskis, todos los underdogs de la "otra América" de los patios traseros, los bares sórdidos, las oficinas de desempleo..
 
Fragmentos;
Le oí coger la badana de afilar. Todavía me dolía la pierna derecha. No servía de nada, habiendo sufrido la badana antes muchas veces. El mundo entero estaba allí fuera indiferente a todo, pero no servía de nada. Había millones de personas ahí fuera, perros, gatos, pájaros, edificios, calles, pero no importaba. Sólo estaba mi padre y la badana de afilar, el baño y yo. Usaba aquella badana para afilar la navaja de afeitar, y por las mañanas temprano yo le odiaba con su cara blanca de espuma, de pie, delante del espejo afeitándose. Entonces me pegó el primer golpe. El sonido de la badana era plano y fuerte, el snido era casi tan malo como el dolor del golpe. La badana cayó otra vez. Era como si mi padre fuera una máquina golpeando con aquella badana. Tenía el sentimiento de estar en una tumba. La badana cayó otra vez y yo pensé que aquella seguramente era la última. Pero no lo era. Cayó otra vez. Yo no le odiaba. Simplemente, no podía creérmelo, quería librarme de él. No podía llorar. Me sentía demasiado mal para llorar, demasiado confundido. La badana cayó otra vez, luego se detuvo. Yo me puse de pie y esperé. Le oí colgar la badana.
-La próxima vez -dijo-, no quiero encontrar ni una hoja.
Le oí salir del baño. Cerró la puerta. Las paredes eran hermosas, la bañera era hermosa, el lavabo y la cortina de la duche eran hermosas, hasta el wáter era hermoso. Mi padre se había ido.
...
Podía ver el camino que se abría frente a mí. Yo era pobre e iba a continuar siéndolo. Pero tampoco deseaba especialmente tener dinero. No sabía qué es lo que quería. Sí, lo sabía. Deseaba algún lugar donde esconderme, algún sitio donde no tuviera que hacer nada. El pensamiento de llegar a ser alguien no sólo no me atraía sino que me enfermaba. Pensar en ser un abogado, concejal, ingeniero, cualquier cosa por el estilo, me parecía imposible. O casarme, tener hijos, enjaularme en la estrucutra familiar. Ir a algún sitio para trabajar todos los días y después volver. Era imposible. Hacer cosas normales como ir a comidas campestres, fiestas de Navidad, el 4 de Julio, el Día del Trabajo, el Día de la Madre... ¿acaso los hombres nacían para soportar esas cosas y luego morir? Prefería ser un lavaplatos, volver a mi pequeña habitación y emborracharme hasta dormirme.
Mi padre tenía un plan maestro. Me dijo:
- Hijo mío, cada hombre debería de comprar una casa en su vida. Cuando muera, su hijo heredaría esa casa. Más adelante ese hijo compra su propia casa y luego muere. Entonces su hijo hereda dos casas. Ese otro hijo pronto adquiere la suya propia y entonces ya tiene tres casas...
(...) Mi padre me había enviado a ese instituto para ricos deseando que se me pegara el aire de los dirigentes mientras observaba a los muchachos ricachones haciendo chirriar sus cupés color crema y acompañando a chicas de trajes brillantes. Sin embargo, aprendí que los pobres normalmente permanecen en la pobreza. Que los jóvenes ricos husmean el hedor de los pobres y aprenden a encontrarlo divertido. Tienen que reírse, porque de lo contrario sería demasiado aterrador. Han aprendido eso a lo largo de los siglos. Nunca perdonaré a las chicas por meterse en esos cupés color crema con los rientes muchachos. No podían evitarlo, por supuesto, pero siempre pensabas que tal vez... Pero no. No había tal vez. El bienestar económico significaba victoria, y la victoria era la única realidad.
¿Qué mujer elige vivir con un lavaplatos?
...
La gente sólo piensa en las injusticias cuando les sucenden a ellos.
...
Uno de los errores de la democracia es que el voto universal da lugar a un líder común que nos conduce a una vida vulgar; apática y predecible.
...
Necesitamos amor, pero no el tipo de amor que la gente utiliza y es utilizada por él.
...
Estábamos todos metidos en lo mismo. Todos apilados en un inmenso reterte lleno de mierda. No había escapatoria, íbamos a desaparecer con una cascada de agua cuando tiraran de la cadena.
 
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Reza la contraportada; “El joven Chinaski-algo así como el hermano paria de Holden Cauldfiel, el dulce héroe de Salinger en Catcher in the rye(al que Bukowski parece aludir en el título original Ham on rye)- tiene que aprender las reglas implacables de una durísima supervivencia.”
Y..sí, puede que Chinaski recuerde vagamente a Holden(muy vagamente).. Porque Chinaski es un Holden nada mimado, nada consentido y mucho, mucho más desgraciado. Y es que Holden, en ocasiones, me pareció más un producto que un personaje, Hank(Chinaski) me resultó más real, más cercano..y sí empaticé con él, cosa que no me ocurrió con Holden..
Y a sabiendas de que las comparaciones son odiosas, sin lugar a dudas, diría que esta Senda supera a aquel Guardián..

Hank, no cree en nada, no encuentra sentido a su vida, se sabe diferente... y con esa premisa Bukowski nos describe su infancia y su juventud, sus traumas y sus conflictos, rodeados todos ellos de la atmósfera de la gran ciudad, los efectos de la Depresión, los bajos fondos...y la guerra que llegará..
Y así vamos descubriendo una dura lectura, a veces descarnada, pero con ecos de poesía, en la que la vida parece un mero trámite, una fuga constante, y en la que la condición humana de nuestro protagonista destaca por su capacidad de vivir al límite porque el final, de alguna manera, parece estar ya escrito. Una lectura en la que parece no hay salvación posible, ni una visión romántica de sentimientos como el amor o la amistad... pero sí nostalgia, una nostalgia de lo desconocido, que, en algún momento del libro me recordó a aquella escena de “Princesas”(F. León de Aranoa) en la que la “princesa” nos dice que...”tener nostalgia en sí no es malo, eso es que te han pasado cosas buenas y las echas de menos,,yo, por ejemplo, no tengo nostalgia de nada, porque nunca me ha pasado nada tan bueno como para echarlo de menos. Eso sí que es una putada...¿Se podrá tener nostalgia de algo que aún no te ha pasado?..Porque a mi a veces me pasa....”
Nostalgia...y sólo una senda que seguir..
Bukowski nos retrata esa senda de supervivientes, de esos que se mantienen al margen de la sociedad, nos muestra las tinieblas en lugar de las luces, habitaciones míseras y sórdidas, barrios bajos(y otra vez sórdidos) y el final de cada día de colegio, donde Hank parece aprender más que durante las horas lectivas..
Y nos retrata los primeros años del protagonista(o los suyos) con frases cortas que sacuden, desde una mirada que no vislumbra el “sueño americano”, donde la sociedad, resquebrajada por La Depresión ha dejado un país plagado de gente falta de ilusiones.. Y de ahí bebe Hank, con un padre que simula tener un trabajo que no posee, que sólo parece evadirse y desahogar sus miserias con las palizas inesperadas al Hank niño, con la ausencia de la figura materna, la falta de refugio que se reduce a las cuatro paredes de su habitación, y todo parece un combate perdido de antemano, marcado por las cicatrices de un acné salvaje que calan esas marcas en su alma, que le retraerán aún más y le harán ver(y sentir) de un modo diferente. Y desde su punto de vista, veremos los amigos que aparecen y desaparecen sin dejar un rastro tangible, el sexo como algo inalcanzable, el asumir golpes, el chico raro que acaba siendo el chico duro, el que ya no siente(o no muestra) dolor ante las palizas del padre...y va creciendo.. y en sus primeros trabajos descubre los prejuicios clasistas y acaba asumiendo su soledad como una forma de mantenerse en pie durante el continuo combate que es la vida...
Ya sólo le queda, al pequeño perdedor,no avergonzarse de sus cicatrices..

Y es que, el chico que acaba pareciendo duro, el chico que parece gritarle al mundo que no necesita el cariño ni la ayuda de nadie, en realidad, con esos mismos gritos, pero esos que no se oyen...que nacen dentro y a veces no sabemos ponerles sonidos, transformarlos en palabras.. en realidad, necesita, como necesitamos todos.. nuestra porción de cariño.. Nuestro trozo de dulce pastel..
 
Mi voto: 7

3 comentarios:

  1. Precisamente ahora estoy leyendo este libro. No es que sea una lectura placentera porque tiene fragmentos durillos, aun así me gusta el estilo de Bukowski y a veces me hace reír con sus locuras y sus ingeniosas frases. Pero me apena enormemente que Chinaski-Bukowski lo pasara tan mal. Y aunque siempre se estuviera haciendo el duro afirmando que no necesitaba cariño precisamente creo que es lo que más le habría hecho falta en muchos momentos de su vida.

    Y coincido totalmente contigo cuando dices que Henry Chinaski se nota más real que Holden. No porque sea una novela-autobiográfica, es que yo misma lo noto como más cercano.

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    1. Yo soy de las que pienso que las lecturas "placenteras" no siempre han der ser lecturas de historias alegres. Y esta es lo primero, no lo segundo...

      Ya contarás cuando llegues al final qué te ha parecido el conjunto..
      Un saludo, naomi-chan..

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    2. Terminado!!! La verdad es que me sorprendió bastante que su padre lo echara de casa (aunque en el fondo también me esperaba que tarde o temprano reaccionara del algún modo brusco). Al menos Chinaski se llevó su máquina de escribir consigo. Me habría gustado haber seguido leyendo un poco más pero el libro terminó bruscamente. Qué pena... No sé cuál será el próximo de Bukowski que caiga... a lo mejor me animo con Factotum más adelante :D

      Ah, y que sepas que yo también comparto contigo la idea de que las lecturas placenteras no siempre son historias felices o alegres ;) En lo personal me gustan las historias crudas y las prefiero antes que a los finales felices.

      Besos!

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