Algunos libros son leídos, otros devorados, poquísimos masticados y digeridos.
(Francis Bacon)

lunes, 25 de marzo de 2013

Los Topos - J. Torbado/M. Leguineche (2)

 
6. El Cojo y los caciques.
Saturnino de Lucas. (San Martín y Mudrián, Segovia) 34 años escondido.
 
-Para nada he salido, nunca; ni me he puesto de pie, ni he andado una sola vez durante todo este tiempo, nada, ni un paso, ni ponerme de pie, nada, nada. Y eso ha sido terrible. Se ha notado mucho este trauma que me ha cogido los riñones,el hígado, el corazón. El no tener contacto con el exterior ha sido fatal. El corazón me ha quedado muy débil, muy débil.
 
Para nada. Sin salir del agujero casi treinta y cuatro años; exactamente durante treinta y tres años, ocho meses y veintiún días. En realidad, salió del primer agujero, un arcón de pienso para el ganado; salió de aquel primer agujero, un arcón de pienso para el ganado; salió de aquel primera agujero, cruzó la calle renqueando y se metió en ese otro agujero. Saturnino de Lucas Gilsanz levanta la muleta en que apoya su hombro derecho y señala la parte superior de una casucha vieja, de adobe; al tejado descolorido y leproso, al lado mismo de una chimenea torcida de casi un metro de altura, informe, construida con cuatro pilas de adobes recubiertos de barro mezclado con paja de trigo para darle consistencia. Parece un barco naúfrago en medio del mar de tejas rojizas.
...
De todas maneras, ni las alegrías, ni los rencores pudieron durar mucho. Tampoco la apasionada voluntad de vivir del oculto.
[...]Fue el 6 de diciembre, a los ocho meses de haber salido de su refugio.
 
7. La Novia.
María Teresa Ramos, Juan Jiménez Sánchez. (Alhaurín el Grande, Málaga) 13 años escondido.
 
"Premeditadamente quiero ser breve, quiero sólo dejar constancia de la reacción del pueblo. Entiendo que ello lo explica todo y justifica el servicio. Ante aquel extraño y mañanero movimiento de la Guardia Civil, frente al cuartel se congregaron numerosos vecinos, y otros salieron a sus balcones. Cuando el Land Rover inició su marcha con los detenidos, sin ponerse nadie de acuerdo, el pueblo prorrumpió en aplausos y vivas al Cuerpo. Así terminó el servicio."
-Sí, hombre -dice María Teresa-. "Vivas al Cuerpo..." Allí nadie rechistaba, nadie se movía. Todos callados y se quitaron del medio. Eso es mentira. Se están echando flores.
Juan, "El Tiarrón", abandona así Alhaurín el Grande, acompañado por la mujer que le había salvado la vida todos los días durante catorce años. No era el terrible legionario de los desiertos africanos, el condenado a trabajos forzados, el luchador republicano que iba a caer preso; no era el terrible maqui, bandolero de la sierra. "Nos llamaban así, bandoleros, pero qué íbamos a ser bandoleros".
Le esperaban siete años de cárcel. Solamente siete años gracias a su buena conducta en los penales. El fiscal le había pedido treinta y finalmente lo habían condenado a veinticinco. Era el tipo de condena que otros hombres como él, quizá menos afortunados, habían temido en su escondite. Estaba uno mejor preso en su propia casa, al lado de la familia, que en las cárceles españolas de la posguerra. También en este peregrinaje le seguiría su novia, una muchacha que sólo parecía vivir para el hombre perseguido.
 
8. El mudo.
Andrés Ruiz. (Armuña de Tajuña, Guadalajara) 20 años oculto.
Micaela, enferma del alma y del cuerpo, se niega a recordar el pasado y cuando lo intenta los sollozos la interrumpen. Como si estuvieran sincronizadas sus respuestas emocionales, los dos esposos lloran a un tiempo. Su hijo Andrés, su mujer y los nietos, que han llegado de Meco, donde viven, asisten a la escena con los ojos bajos, en silencio.


 
Andrés Ruiz Flores(hijo) nació en plena guerra, en 1937, y desde su nacimiento fue víctima y testigo de la desgracia familiar.
Micaela:
Me tuvieron nueve meses encerrada en la cárcel de Pastrana, tirada sobre un suelo como éste, de puro cemento, rodeada de otras mujeres como yo, mujeres de soldados rojos.
Recibíamos una lata redonda de patatas guisadas y medio panecillo para dos personas durante veinticuatro horas y una frasca de agua. Todas esperábamos que nos juzgaran pero a mí se me iba el pensamiento tras de Andrés y de nuestros hijos, que había dejado repartidos con sus tíos. Sólo el mayorcejo quedó en esta casa con los abuelos.
Sabía de Andrés por las cartas que me escribía desde su cárcel a la mía, cartas a las que no pude contestar porque no me llegaba ni para el franqueo. Yo me cansaba de preguntarle a los guardianes: "¿Por qué me han encarcelado?". "Porque su marido es rojo", me respondían. "¿Cuándo me sacarán de aquí para que pueda ver a mis hijos?". Y se alzaban de hombros.
Nos obligaban a desfilar por el patio de la cárcel y por las calles de Pastrana y cantar el "Cara al sol". A algunas las pelaban al cero y luego las tomaban decalración, o las juzgaban y condenaban. A mí no me tomaron declaración.
                                                                                                  Refugio de Andrés Ruiz, "El Mudo"
 
9. El Lirio y El Quemachozas.
Manuel Piosa Rosado. (Moguer, Huelva) 32 años oculto.
Manuel Piosa Rosado, más conocido por "El Lirio", apodo que heredó de su padre, aspiró el aire del campo hasta que llenó sus pulmones, contuvo la respiración, y cuando ya no pudo resistir más expulsó el aire con ganas. Repitió la operación varias veces. Era como si pretendiera, entre los pinos y los eucaliptos de Moguer, su pueblo natal, purificar de golpe sus pulmones. Durante sus treinta y dos años de ocultación en una cuadra, respiró los olores más pestilentes. Porque Manuel había permanecido gran parte de ese tiempo enterrado vivo a cinco metros de la cochinera del único cerdo que tenía, tapado con un saco de paja podrida y un montón de estiércol, dentro de una fosa como un ataúd, para escapar de los registros de la Guardia Civil.
Eran las seis de la mañana del 7 de julio de 1969. Hacía un día que El Lirio era libre. Su primer acto consciente de la libertad fue levantarse trempano para esquivar la guardia de los curiosos que le miraban la víspera como a un extraño ejemplar de un zoológico y sumergirse en medio de la naturaleza. A solas con ella corrió un rato entre los pinos y la pureza de la atmósfera le produjo una agradable sensación de embriaguez. Corrió para redescubrir el espacio.
 
10. Los falangistas contra Eulogio de Vega.
Eulogio de Vega. (Valladolid) 28 años oculto.
 
En la despedida, recién estallada la Segunda Guerra Mundial, mi amigo el panadero me preguntó:
-¿Cuánto crees que puede durar esto?
-Yo creo -respondí- que una guerra de estas puede durar cuatro o cinco años.
-¿Y qué vas a hacer, Eulogio?
-Seguir así, como estoy, oculto, a ver qué ocurre en la Guerra.
-¿Pero vas a tener paciencia para estar encerrado cuatro o cinco años? Yo no resistiría más de unos meses.
-Sí, hombre -le dije-, ¿por qué no?
Pero la Guerra no resolvió nada, ni la Sociedad de Naciones, mejor dicho, las Naciones Unidas, que fue la hija que nació de la Sociedad de Naciones. Llegado el tiempo he sentido que perdía aquel idealismo del principio. En una palabra, que me he desilusionado al paso de los años. De 1945 a 1947 esperé en vano una solución para España que me permitiera salir a la luz. Un gobierno democrático en España hubiera sido mi salvación. Pero las advertencias de las Naciones Unidas al gobierno de Franco, que yo seguí a través de la radio, no dieron resultado. Mi suegro seguía conmigo el desarrollo de las acusaciones y conminaciones al Gobierno de Franco. Él murió el 20 de noviembre de 1947. Supo como yo que un cambio en la actitud de Franco significaría mi liberación a corto o largo plazo. Aquel 20 de noviembre, cuando se votó una resolución de la ONU que yo esperaba fuera más enérgica, definitiva, mi suegro agonizaba en su lecho:
-¿Cómo va eso? -me preguntó con un hilo de voz-. ¿Hacen algo las Naciones Unidas?
-Todo va bien, parece que esto se arregla -le mentí.
Mi suegro murió, las Naciones Unidas no supieron rectificar el rumbo del régimen español y yo me descorazoné a partir de entonces. Las Naciones Unidas no sirven ni servirán nunca para nada.
 
 
 

miércoles, 20 de marzo de 2013

Los Topos - J. Torbado/M. Leguineche (1)

Autor: Jesús Torbado, Manuel Leguineche
                                                       ISBN/ASIN: 9788493832704
                                                              Género: No ficción
                                                           Editorial: Capitán Swing
                                                         Fecha de publicación: 1977
                                                            Fecha de edición: 2010
                                                          Número de páginas: 648
 
Sinopsis;
Los libros de historia dicen que la Guerra Civil española concluyó en 1939. Pero, tras el último parte de guerra, muchos combatientes, cargos públicos y simpatizantes del legítimo gobierno republicano se vieron obligados a huir de la represión franquista y esconderse como topos .

A finales de los años sesenta, tras el decreto de amnistía concedido por el dictador, los topos salieron, como hongos después de la lluvia, del agujero donde habían vivido escondidos, todavía con el temor a las represalias.

En ocho años de investigación, los autores de Los Topos siguieron pistas, recibieron portazos, amenazas de muerte, etc. Todo para conseguir los estremecedores testimonios de quienes fueron perseguidos por un enemigo invisible que los enterró en vida.

Sus testimonios hablan de la experiencia de su cautiverio, pero también hablan de los otros desaparecidos que no pudieron contar su propia historia, y del gran sacrificio colectivo que marcó sus vidas y las de sus familiares.


 
Fragmentos;.
1. Vivos de cuerpo presente.
Juan y Manuel Hidalgo España. (Benaque, Málaga) 28 años escondidos.
 
Habla Manuel;
Nos presentamos en Marbella el 28 de diciembre de 1966. [...]Estuvimos allí hasta el 15 de agosto. Nos mandaron quedarnos allí hasta que volvieran los papeles de Madrid. En el juzgado nos hacían preguntas, de cómo habíamos vivido, de todo lo que había pasado. Cada quince días teníamos que presentarnos en el cuartel de la Guardia Civil. Juan no podía trabajar porque estaba ciego; se tuvo que operar de la vista.
Nosotros vivíamos en el hospital, yo estaba tan grueso que no podía andar. Estaba blanco como la cal. A los primeros días de darme el sol me pelé del todo. A los quince días de estar en el hospital me puse a trabajar.
[...] A los ocho meses volvimos al pueblo. Todo el pueblo vino a verme, muy contento. Todo el mundo decía que el mérito había sido más de ellas (nuestras mujeres) que de nosotros, y es verdad. Mi mujer tenía un pelo larguísimo, larguísimo. En Marbella se lo cortó y se lo ofreció a la Virgen del Carmen, por una promesa que había hecho.
 
Habla Juan;
Todo esto es como un cuento que ha acabdo bien. Dios da la llaga y también la medicina, ya lo ve usted. Ya he contado todo el repertorio, hasta lo que no quería contar. [...]Ahora sólo quiero trabajar. [...]En Marbella nos dijeron que se estaba arreglando para darnos una paga a los mutilados del otro lado, pero no sé. Yo no me he atrevido a pedirla. Ya ve; manco, ciego y con la edad... Todo se me resiente. [...]Lo que yo no quisiera era escuchar más de la guerra. Ni la palabra. Fue mucho lo que se sufrió, mucho lo que padecimos. Yo he pasado veintinueve años de guerra.
 
2. El anarquista solitario.
Manuel Serrano Ruíz. (Almodóvar del Campo, Ciudad Real) 13 años escondido.
 
Quizá únicamente dos personas de las trece mil que viven en Almodóvar del Campo, recuerdan la historia, algunos fragmentos de la historia de Manuel Serrano Ruíz: su hermana Esperanza y su cuñado José Antonio. Ni siquiera los guardias civiles del cuartel próximo a la casa del matrimonio tienen noticias de que Manuel "El Cojo", haya existido. En el pueblo, por lo demás, no sólo se ha olvidado su nombre, sino incluso los hechos a los que va ligado. Los amigos que tuvo murieron hace muchos años. Sus enemigos han ido muriendo después, poco a poco. Él mismo murió también, olvidado por todos y tuberculoso, en Pascua de 1977, recogido en un sanatorio de Albacete.
 
3. El desertor.
Antonio Urbina. (Santo Domingo de la alzada, Rioja) 10 años huído y oculto.
 
Antonio Urbina iba con la cabeza gacha escoltado por dos guardias civiles. Escuchó llorar a Consuelo. Los curiosos se apostaron rápidamente a lo largo de la muralla dePedro el Cruel para ver pasar a Antonio y a la pareja de guardias. Consuelo, la mujer del detenido, se enjugó las lágrimas con el delantal.
"Éste ya no ve más las tejas de Santo Domingo", comentó alguien.
 
4. Las once hermanas.
Pedro Perdomo. (Las Palmas) 33 años escondido.
 
"No trate de acercarse a la Sima  y mucho menos si va con una cámara al hombro -escribe la periodista Inmaculada Gómez Mardones en el verano de 1977-. La gente de los pueblos próximos se esconderá a su paso o se encerrará en su casa echando los pestillos. Nadie se atreve, cuarenta años después, a contar nada; cómo buscaban a los republicanos por las casas para llevarlos a la sima y hacerlos desaparecer, arrojándolos vivos a su profundidad inmensa. Y no había habido guerra, porque el levantamiento fue incruento."
...
Habla Antonia (una de las once hermanas de Pedro);
Pedro se escondió el mismo día 18 de julio por la mañana. Un periódico ponía que daban dos mil pesetas al que dijera dónde estaba y eso era mucho dinero. [...] Entonces un vecino que se llamaba Esteban Roca vino a pedirme dinero y lo vio y se lo dijo a los falanges, pero cuando vinieron mi hermano ya no estaba en este sitio.
[...]Una vez se miró en un espejo y cayó como muerto de verse tan delgado y tan blanco. Otra vez casi se muere y decía que qué iba a pasar cuando tuviéramos que enterrarlo. Siempre estuvo muy malo.
...
Un año más tarde, Pedro todavía tiene miedo. No ha encontrado trabajo y su salud es precaria. Se niega rotundamente ha hablar de su pasado. Las hermanas han ido muriendo y él cambiando de sitio y de soledad.
Su vista es muy débil, a veces se le va la cabeza, no recuerda dónde está o que gente le rodea. Insiste en una sóla obsesión: buscar un trabajo para compensar los gastos que generó durante sus años escondido de sus dos hermanas vivas.
...
Pedro murió en el invierno de 1975 de un colapso respiratorio. No había conseguido trabajo.
 
5. Miguelico "Perdiz", el furtivo.
Miguel Villarejo. (Bailén, Jaén) 30 años oculto.
 
Lo que pasó conmigo le trastornó (a mi padre), como trastornó a dos de mis cuatro hijos, Luis y Miguel.
Mis hijos me querían muchísimo, son buenos y sensibles, pero de mi situación y de los sustos les sobrevinieron las enfermedades, los males que yo nunca quise para ellos. Hace poco estuvieron en Córdoba a ver un médico de la cabeza, un psiquiatra, el doctor Castilla del Pino, que se interesó por su caso. Ellos han sufrido más de la cuenta.
También mi padre cayó malo, cayó malo hasta que hincó la cabeza, dos años después de entrar Franco. Mientras tanto, no los habían dejado tranquilos. Mi hermano Manuel pasó unos años en la prisión provincial de Jaén y mi esposa, Catalina Ranger, fue condenada a seis años y un día.
El juez de La Carolina preguntó a mi padre cuando le tomaron declaración:
-Sabemos que mantiene contactos con su hijo en la sierra. ¿Por qué no confiesa dónde se halla escondido?
Mi padre replicó:
-¿Diría usted el paradero de su hijo sabiendo que lo van a matar? Si lo confesara sería mal padre, igual que si se lo hago saber ahora. Si soy personalmente responsable de algo, aquí me tienen, pero yo no he criado a un hijo para que me lo maten.
...
 
 
 
 
 
 
 

miércoles, 27 de febrero de 2013

Varios

             A los cuatro vientos -Dave Boling- 7
"El oficial [un oficial alemán] le enseñó una reproducción del Guernica, no más grande que una postal.
–Perdone –le dijo, y le puso la reproducción delante–. Usted pintó esto, ¿verdad?
Picasso dejó la taza en el platillo, se volvió hacia la reproducción, luego hacia el oficial y le contestó:
–No. Ustedes lo pintaron."



               Trilogía sucia de La Habana -Pedro Juan Gutiérrez- 6
"La carne es débil. Por lo menos la mía es débil y pecadora. Y supongo que a todos les sucede lo mismo con sus carnes, pero a la gente le molesta enterarse y hasta han inventado los conceptos "decencia" e "indecencia". Solo que nadie sabe precisar dónde están las fronteras que separan a decentes de indecentes."
 
"Hoy no estoy muy ordenado por dentro. No puedo escribir. Sólo repito una frase: Amo las cicatrices, no las heridas. ¿Por qué repito eso como un paranoico? Amo las cicatrices, no las heridas."

"...sé algo valioso, es imposible desprenderse de las nostalgias porque es imposible desprenderse de la memoria. Es imposible desprenderse de lo que se ha amado."


              La conjura de los necios -John Kennedy Toole- 6
"Sólo me relaciono con mis iguales, pero como no tengo iguales no me relaciono con nadie."

"Tuve que resignarme a ser como ellos me ordenaban, a aceptar sus juicios y rechazos. A comprobar una vez más que no todos pueden ver más allá de su aliento. A ser víctima de un sistema que hace de gente como yo infelices zombies o incomprendidos. Y hay que tener el espíritu muy bien templado, tal vez como acero damasquino o más, para afrontar  semejante fuerza."

"Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él."

"No pude soportar mi visión del mundo."

               El guardián entre el centeno -J.D. Saliner- 5
"Esta caída que te anuncio es de un tipo especial, terrible. Es de aquellas en las que al que cae no se le permite llegar nunca al fondo. Sigue cayendo y cayendo indefinidamente. Es la clase de caída que acecha a los hombres que en algún momento de su vida han buscado en su entorno  algo que éste no podía proporcionarles, o al menos así lo creyeron ellos. En todo caso, dejaron de buscar. De hecho, abandonaron la búsqueda antes de iniciarla siquiera. No quiero asustarte, pero te imagino con toda facilidad muriendo de un modo noblemente de un modo o de otro por una causa inane.
Creo que un día de estos, averiguarás qué es lo que quieres. Y enntonces tendrás que aplicarte a ello inmediatamente. No podrás perder ni un solo minuto. Eso sería un lujo que no podrías permitirte."









jueves, 7 de febrero de 2013

Rompepistas

Autor: Kiko Amat
ISBN: 9788433923950
Género: Narrativa
Editoria: Anagrama
Fecha edición: 2009
Páginas: 313
 
Sinopsis:
Corre el verano de 1987, y suenan Madonna y George Michael. Sólo que no en la vida de Rompepistas. Para él, un punk miope y desgarbado de diecisiete años nacido en el extrarradio de Barcelona, los únicos que importan son Generation X, los Clash, los Jam y su propio grupo Las Duelistas. Las horas se aceleran al lado de sus mejores amigos: Carnaval, el batería gordito, Clareana, su exnovia, y el Chopped, cabecilla de los Skinheads por la Paz. Son los chicos con botas, con las almas rotas y la ropa descosida, sin modales y sin futuro, sin nada que perder. Y el universo de Rompepistas parece a punto de estallar: acaba de empezar una guerra sangrienta con una banda del pueblo de al lado, sus padres están a punto de separarse, Clareana le odia cada día más, Carnaval no le habla y el Chopped está perdiendo la cabeza. Llena de patadas y puñetazos, punk rock y reggae, victorias pírricas, curas malvados y el desespero callado del cinturón industrial barcelonés, Rompepistas es una emocionante novela de iniciación que narra con intensidad y gran sentido del humor el paso de la adolescencia a la primera juventud. Escrita con profunda sensibilidad y ritmo, y con la exacta mezcla de misantropía e ingenuidad de aquel Holden Caufield que sedujo a miles de lectores, Rompepistas explora la amistad y la culpa, los lazos de sangre, las promesas rotas y la redención del baile, y desgrana los miedos y avatares de la pérdida de la inocencia.
 
Fragmentos:
 
Es curioso de lo que te acuerdas con el tiempo, pero también de lo que te olvidas. En aquella otra época en la que yo no era quien soy hoy, me llamaban de otra manera. No he pensado en el nombre que utilizaba entonces en mucho tiempo; de algún modo me las arreglé para perderlo, tirarlo a la papelera, meterlo en una chaqueta que no quería volver a ponerme. Perdí mi nombre sin saber cómo, sin darme cuenta, y no me importaba hasta hoy, que me ha vuelto a importar.
...
En el colegio de curas era obligatorio pertenecer al coro. En el colegio de curas te obligaban a todo, el catolicismo no se montó para ir por ahí sugiriendo cosas o pidiéndolas por favor, qué pérdida de tiempo si puedes pasarles a golpes de tizona, pero a lo que no nos podían obligar era a que nos gustara.
Eses agujero de odio, ese pozo de rabia, estaba ahí dentro, almacenando como una joroba de agravios, almacenando, y ahí los curas no podían meter las manos. En nuestro depósito.
Mirad: Carnaval y yo, los dos allí, noviembre de 1983, ensayos para la misa del gallo, tercera fila del primer grupo, el grupo de las voces agudas, aún no teníamos sietes en las camisetas pero los descosidos en el alma estaban al caer, los golpes aquí siempre empiezan temprano, está visto, y los dos con los pies en el acantilado de morirnos de risa, siempre.
Una risa que equivalía a una sentencia de muerte...
...
Voy a entonar mi Confiteor. Mi Confiteor Axiomático.
Ya he mirado en el diccionario lo que quería decir axiomático: "Incontrovertible. Evidente." Éste es mi Confiteor Evidente. Voy a confesar que he arruinado dos vidas, y me importaba un pito hasta que me di cuenta de que una de ellas era la mía. Voy a confesar la locura que hice, y fue una locura que ni hice a lo loco. Incluso en mi locura hay un método. Lo que pasa es que no se ve así, a simple vista; hay que fijarse.
Esto es lo que pasó con Clareana. La calamidad que causé. La calamidad que causo.
Resumiendo, es así;
Lo que le pasó a Clareana es esto: yo.
Yo le pasé.
Y ella me pasó a mí, así que estamos en paz. ¿No?
No.
Vale, ahora sin resumir.
(...)
...
(...)Pienso en la pregunta de mi madre.
¿Por qué hacemos esto?
Creo que todo lo que hacemos lo hacemos porque es lo más se acerca a continuar siendo niños. Porque ninguno de nosotros podía aceptar que lo de ser niños se había terminado, y queríamos seguir jugando. Queríamos disfraces y aventuras y fantasía y romance. Y esto era un sustitutivo decente: las chapas de hojalata, y el llavero dringui-li-drong, las canciones escandalosas, la ropa rasgada, los empujones por las esquinas, los cabellos de colores y el grupo. La panda. Los cuatro. Los Cuatro y el Misterio de las Duelistas. Tom Sawyer y Huckleberry Finn: Carnaval y yo, los dos allí, Dos Años de Vacaciones en nuestra propia miseria.
¿No es eso la adolescencia, después de todo? Un estiramiento inhumano y antinatural y dañino de la niñez. Un disparar los últimos cartuchos antes de ingresar en la vejez. Sólo que algunos cabezotas nos encariñamos con ella y, terminados los cartuchos, cargamos con la bayoneta, y luego, cuando ésta se rompió, fuimos a la carga con la culata, y luego con las manos, y luego con el culo y luego con los dientes. Con lo que hiciera falta. Sin aceptar la derrota, estúpidamente...
...
 
 
Aunque pueda parecer (y quizá lo sea) un libro que se disfrutaría más leyendo a una edad algo más temprana que la mía, la verdad es que yo lo he disfrutado, la verdad es que ha sido una agradable sorpresa conocer a Rompepistas "el Primer Niño Melancólico del mundo" (que le decía su madre), a Clareana, a Carnaval...y al resto de los chicos con botas..
Rompepistas es un viaje al pasado, pero a un pasado interior...y es que "el Primer Niño Melancólico del mundo" me contagió esa melancolía...al cerrar la última página regresó a mí la niñez...más que la niñez, ese complejo paso al que llaman adolescencia. Esas promesas, como dice la canción de The Clash "Promises, promises", canción favorita del protagonista (¿te acuerdas de las promesas?)... esas calles que han cambiado tanto...pero siguen siendo las mismas... esos amigos que ya no están..y esos otros que siguen estando...
Un libro irónico, fresco, ágil...en el que a modo de diario, este "Peter Punk" nos narra sus problemas durante aquel verano del 87(obviamente, unos más serios que otros) . Nos habla del perdón, de la amistad, del miedo a crecer, de las promesas sin cumplir, de una difícil relación paterno-filial, del no haber sido lo que se esperaba de nosotros,del querer haber sido...y no ser.

Un libro con banda sonora..."Kiko Amat , escritor accidental, periodista cultural sin carrera, anglófilo militante y apasionado fan del pop"(reza la contraportada).. que viene en la última página, con algunas canciones dignas (otras algo menos) de repasar..

Nunca menciona Rompepistas su "nombre normal"... y yo he llegado a pensar que aunque no sea una novela autobiográfica, Rompepistas...bien podría haberse llamado Kiko.

"Hubo una época en que yo no era quién soy"
Con esta frase comienza el libro...y al final, uno se pregunta ¿y yo?¿sigo siendo quién fui?¿queda algo de mí de aquellos años?... (lo dicho, que los chicos con botas, bolsillos vacíos y cojones llenos, y... esas canciones...despertaron mi melancolía).
Una versión moderna y personal... del cuento de Peter Pan.
 
Mi voto: 7
 



viernes, 18 de enero de 2013

El tambor de hojalata - Günter Grass

Autor: Gunter Grass
Título original: Die Blechtrommel
ISBN: 84-473-0021-8
Editorial: RBA Editores
Género: Literatura contemporánea
Fecha publicación: 1959
Fecha edición: 1994
Páginas: 565
 
Sinopsis:
Retrato fiel y minucioso de una época decisiva para toda Europa, y especialmente para Alemania -el periodo de entreguerras, durante el cual despertó el nazismo, y la Segunda Guerra Mundial-, esta novela cuenta la historia de alguien que no quiere crecer. A la temprana edad de tres años, Óscar Matzerath decide revelarse contra la realidad, contra su entorno, frenando su desarrollo, tocando un tambor de hojalata y gritando con su potente voz. A través de los ojos de Óscar, tristes y lúcidos, asistimos al canto del cisne de un país y una sociedad que se desmoronan, que se autodestruyen lentamente.
Volker Schlondorff realizó una adaptación cinematográfica en 1979 que ganó el Oscar a la mejor Película Extranjera y la Palma de Oro en Cannes.
 
Fragmentos:
Bruno Münsterberg -éste es, hablando ahora en serio, el nombre de mi enfermero- compró para mí quinientas hojas de papel de escribir.(...) Semejante servicio nunca habría podido solicitarlo de mis visitantes, de mi abogado o de Klepp, por ejemplo. Sin la menor duda, el afecto solícito hacia mi persona habría impedido a mis amigos traerme algo tan peligroso como es el papel en balnco y ponerlo a disposición de las sílabas que incesantemente segrega mi espíritu.
...
La guerra ya se había agotado. Se estaban improvisando tratados de paz, cuidando de que pudieran procurar motivos de nuevas guerras.
...
Al igual que todo el mundo, los días en que un sentimiento inoportuno de culpabilidad, que nada logra desalojar del cuarto, me aplasta contra las almohadas de mi cama de sanatorio, me escudo en mi ignorancia, que entonces se puso de moda y aún siguen llevándola muchos, cual sombrero elegante que les sienta bien.
...
En el Bodegón de las Cebollas de Schmuh nada servían de comer, y el que quería comer tenía que irse a algún otro sitio, porque quí sólo se cortaban cebollas. ¿Cómo así? Porque así se llamaba justamente, y, lo que es más, porque la cebolla, la cebolla cortada, la cebolla cortada, si bien se mira adentro... no, los clientes de Schmuh ya no veían nada, o algunos ya no veían nada, porque les venían las lágrimas a los ojos. No porque se les desbordara el corazón, porque no se ha dicho que cuando el corazón se desborda los ojos hayan necesariamente de llorar; los hay que no lo logran nunca, sobre todo durante los últimos decenios pasados, y por ello algún día se designará a nuestro siglo como el siglo sin lágrimas, pese a todos sus sufrimientos, y por ello también precisamente, por razón de esa falta de lágrimas, la gente que disponía de los medios para ello iba al Bodegón de las Cebollas de Schmuh y se hacía servir por el dueño una tablita de picar -puerco o pescado- y un cuchillo de cocina por ochenta pfennings y, por doce marcos, una vulgar cebolla de cocina, de jardín o de campo, y la iban cortando en pedacitos cada vez más pequeños, hasta que el jugo lo lograba. ¿Qué lograba? Lograba eso que el mundo y el dolor de este mundo no lograban producir, a saber: la lágrima esférica y humana. Aquí se lloraba. Aquí, por fin, volvíase a llorar. Se lloraba discretamente, o sin reserva, abiertamente. Aquí corrían las lágrimas y lo lavaban todo. Aquí llovía, aquí caía el rocío.
...
 
 
Seré sincera, no ha sido ésta una lectura sencilla, más de una vez tuve que pararme y releer algún fragmento para entender el "tamborileo" de Óscar. Tres meses justos me ha llevado la tarea...
Y es que no es (o no me resultó) fácil seguir el compás de Óscar, que decide que a los tres años no crecerá más, justo el día que recibe su primer tambor de hojalata, que no es sólo un instrumento sino que se convertirá en un apéndice del pequeño Óscar...
Esa firme convicción de estancarse en noventa y cuatro centímetros y de no separarse de su tambor, son, durante todo el libro, una combinación antagónica entre la inocencia infaltil y lo macabro, porque la historia de Óscar (ni el por qué de su rechazo a crecer) no tiene nada que ver con aquel Peter Pan de cuento que tampoco quería crecer. No. Nada que ver.

Óscar y su apéndice son los protagonistas absolutos de la novela, pero hay más, no debemos quedarnos ahí, además de unos cuantos secundarios de lujo (algunos esperpénticos, otros menos "raros"), es la historia también de un país antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial..
Y es que la deformidad de Óscar parece seguir el ritmo de la deformidad de un país. El pequeño se "detiene" (por voluntad propia) en sus tres años, un país en guerra se estanca, deja de "crecer" como país para convertirse en algo esperpéntico, deforme... en una joroba (como la de Óscar) que aunque pueda para algunos tener "algo" de bueno, no deja de ser una alteración anómala, una pesada carga...

Seguí "escuchando" a Óscar y su tambor, contando su historia, alternando la primera y la tercera persona, fuí partícipe de sus deformidades (físicas y psíquicas), de su animalidad, de sus desgracias y maldades impúdicas... y el propio Óscar acabó convirtiéndose (para mí) en una alegoría a un país deforme, mutilado, plagado de maldades impúdicas... a una guerra que, antes incluso que Óscar (a sus tres años) debiera haber dejado de "crecer"...

Y quizá este libro sea (o debiera ser) -para muchos- como ese club de jazz que aparece en el libro "El bodegón de las cebollas" donde la gente, en lugar de ir a emborracharse al ritmo de la música, pela cebollas para poder llorar... porque se viven (y vivieron) tiempos en los que parece que muchos olvidaron el sabor de las lágrimas..

Yo nunca tuve un tambor, como Óscar, pero si tuve (y tengo) como él, un armario donde guardo mis demonios..

No juzguéis a Óscar, puesto que nunca fue un niño..
 
 
Mi voto: 8
 
 
Cine;
-El tambor de hojalata (1979-Alemania) Volker Schlöndorff. (7)
 

jueves, 13 de diciembre de 2012

El amante - Marguerite Duras

Autor: Marguerite Duras
Título original: L'Amant
ISBN: 978-84-8383-572-2
Género: Literatura contemporánea
Editorial: Tusquets
Fecha publicación: 1984
Fecha edición: 2010
Páginas: 155
 
Sinopsis:
El amante, Premio Goncourt en 1984 y llevada al cine en 1992, esta novela autobiográfica narra, con la intensidad del deseo, la historia de amor entre una adolescente de quince años y un acaudalado comerciante chino de veintiséis, que se desarrolla en los escenarios coloniales de Indochina. Esa jovencita, bellísima pero pobre, no es otra que la propia Marguerite Duras, quien rememora no sólo su singular vivencia sino también las apasionadas y tensas relaciones que desgarraron a su familia y que, prematuramente, grabaron en su rostro los implacables surcos de la madurez.
 
Fragmentos; 
Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde. A los dieciocho años ya era demasiado tarde. Entre los dieciocho y los veinticinco mi rostro emprendió un camino imprevisto. A los dieciocho años envejecí. No sé si a todo el mundo le ocurre lo mismo, nunca lo he preguntado. Creo que me han hablado de ese empujón del tiempo que a veces nos alcanza al trasponer los años más jóvenes, más gloriosos de la vida. Ese envejecimiento fue brutal. Vi cómo se apoderaba de mis rasgos uno a uno, cómo cambiaba la relación que había entre ellos, cómo agrandaba los ojos, cómo hacia la mirada más triste, la boca más definitiva, cómo grababa la frente con grietas profundas. En lugar de horrorizarme seguí la evolución de ese envejecimiento con el interés que me hubiera tomado, por ejemplo, por el desarrollo de una lectura. Sabía, también, que no me equivocaba, que un día aminoraría y emprendería su curso normal. Quienes me conocieron a los diecisiete años, quedaron impresionados al volverme a ver, dos años después, a los diecinueve. He conservado aquel nuevo rostro. Ha sido mi rostro. Ha envejecido más, por supuesto, pero relativamente menos de lo que hubiera debido. Tengo un rostro lacerado por arrugas secas, la piel resquebrajada. No se ha deshecho como algunos rostros de rasgos finos, ha conservado los mismo contornos, pero la materia está destruida. Tengo un rostro destruido.
. . .
Tengo quince años y medio, en ese país las estaciones no existen, vivimos en una estación única, cálida, monótona, nos hallamos enla larga zona cálida de la tierra, no hay primavera, no hay renovación.
. . .
(...) Le pregunto si es normal estar tan tristes como estamos. Dice que es debido a que hemos hecho el amor durante el día, en el momento álgido del calor. Dice que después siempre es terrible. Sonríe. Dice: tanto si se ama como si no se ama, siempre es terrible. Dice que pasará con la noche, tan pronto como llegue la noche. Digo que no sólo es debido a haberlo hecho durante el día, que se equivoca, que estoy inmersa en una tristeza que ya esperaba y que sólo procede de mí. Que siempre he sido triste. Que también precibo esa tristeza en las fotos en las que aparezco siendo niña. Que hoy esta tristeza, aún reconociendo que se trata de la misma que siempre he sentido, se me parece tanto que casi podría darle mi nombre.
. . .
La historia de mi vida no existe. Eso no existe. Nunca hay centro, ni camino, ni línea. Hay vastos pasajes donde se insinúa que alguien hubo, no es cierto, no hubo nadie.
. . .
 
Novela autobiográfica, reza la contraportada, pero El Amante es, a mi modo de ver, más una radiografía del alma, una exploración profunda y conjunta y casi en susurros de un modo de sentir.
El germen de la historia, el principio y el fin podría ser una frase de la propia Marguerite; "Yo soy una escritora, no vale la pena decir nada más". Y no lo vale. Yo, habiendo leído únicamente esta obra suya no podría rebatirlo. Sus palabras, incrustadas en frases cortas, sencillas y directas, encarnan el deseo, la rabia, la frustración... se arrugan a la misma velocidad que las arrugas que surcaron su rostro a una edad demasiado temprana y que a su vez debieron arrugar algo más profundo e interno...
Parece que Marguerite, al contarnos su historia quisiera llevar a cabo un proceso de liberación. Una liberación que también debió experimentar durante lo acontecido en la historia de Su Amante: la emancipación del cuerpo ante la opresión de los estereotipos...
La angustia de y por la vida busca por donde huir, por donde salir, entonces, las piernas se abren y el odio, la rabia, el hermano, la muerte... y hasta el miedo se derraman y todo fluye como el río y la herida parece confundirse con el paisaje y se vuelve placentera, confortable... - "El río fluye sordamente, no hace ningún ruido, la sangre en el cuerpo. Fuera del agua no hace viento....... Alrededor del transbordador, el río llega a ras de borda, sus aguas en movimiento atraviesan las aguas estancadas de los arrozales, no se mezclan...... Arrastra todo lo que le sale al paso, chozas de paja, selvas, incendios extinguidos, pájaros muertos, perros muertos, tigres, búfalos ahogados, hombres ahogados, cebos, islas de jacintos de agua aglutinada, todo va hacia el Pacífico, nada tiene tiempo de hundirse, todo es arrastrado por la tempestad profunda y vertiginosa de la corriente interior, todo queda en suspenso en la superficie de la fuerza del río".- dice otro de los fragmentos.
Y es que el amor y el odio tienen algo en común, ambos pueden causar placer.
Porque creemos que lo que estamos leyendo es a una niña que hace el amor con un chino y en ese momento desconocemos que ese acto es tan solo la excusa, es una máscara para narrar la soledad de las almas, la situación de una nación...
Toda la historia está llena de excusas;
La madre, no es la madre, parece más bien ser el reflejo de la patria (la madre patria, delicada y protectora con los que cree "suyos", cruel y malvada con  los "rechazados").
 El río no es el río, por él navega el tiempo, más que el agua, el tiempo en el que se ama, se odia, se vive, se muere y a veces... hasta se olvida.
Las palabras son sólo palabras si hay quien las reviva, si hay alguien capaz de despertar del mutismo.
Las palabras en El Amante son también una excusa para desvelar los sentimientos que cada uno de nosotros puede albergar...
 
Y al cerrar el libro sientes que nada es nuevo, que Saigón (y el río) parecen estar a la vuelta de la esquina, que todos somos un poco amarillos, que a veces naufragamos en nuestro río interno y otras veces somos capaces de expulsar sus aguas y convertir ese agua dulce en saladas lágrimas...
 
Y que hay frases que encogen un poco el alma; "Muy pronto en mi fue demasiado tarde".
 
Mi voto: 8
 
Cine;
-El amante (1992-Francia) Jean-Jacques Annaud
 
 
 
 
 







martes, 4 de diciembre de 2012

La senda del perdedor - Charles Bukowski

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Autor: Charles Bukowski
Título original: Ham on Rye
ISBN:84-339-1268-2
Género: Literatura contemporánea
Fecha publicación: 1982
Fecha edición: 1987
Páginas: 288
 
Sinopsis:
Una novela autobiográfica, contundente como un preciso uppercut, que nos muestra una visión bien distinta del "Sueño Americano", una versión "desde abajo", desde los pisoteados y humillados: la infancia, adolescencia y juventus de Chinaski, en Los Ángeles, durante los años de la Depresión y la 2ª Guerra Mundial.
Un padre brutal que cada día finge acudir puntualmente al trabajo para que sus vecinos no sospechen que está en paro; una madre apalizada por el padre, pero que sin embargo está siempre de su parte; un tío a quien busca la policía; un mundo de jefes, de superiores aterrorizados por otros superiores.
El joven Chinaski -algo así como un hermano paria de Holden Cauldfiel, el dulce héroe de Salinger en Catcher in the rye (al que Bukowski parece aludir en el título origina Ham on Rye)- tiene que aprender las reglas implacables de una durísima supervivencia.
En este libro inolvidable, escrito con una ausencia total de ilusiones, se transparenta, evitando la autocompasión, una estoica fraternidad con todos los chinaskis, todos los underdogs de la "otra América" de los patios traseros, los bares sórdidos, las oficinas de desempleo..
 
Fragmentos;
Le oí coger la badana de afilar. Todavía me dolía la pierna derecha. No servía de nada, habiendo sufrido la badana antes muchas veces. El mundo entero estaba allí fuera indiferente a todo, pero no servía de nada. Había millones de personas ahí fuera, perros, gatos, pájaros, edificios, calles, pero no importaba. Sólo estaba mi padre y la badana de afilar, el baño y yo. Usaba aquella badana para afilar la navaja de afeitar, y por las mañanas temprano yo le odiaba con su cara blanca de espuma, de pie, delante del espejo afeitándose. Entonces me pegó el primer golpe. El sonido de la badana era plano y fuerte, el snido era casi tan malo como el dolor del golpe. La badana cayó otra vez. Era como si mi padre fuera una máquina golpeando con aquella badana. Tenía el sentimiento de estar en una tumba. La badana cayó otra vez y yo pensé que aquella seguramente era la última. Pero no lo era. Cayó otra vez. Yo no le odiaba. Simplemente, no podía creérmelo, quería librarme de él. No podía llorar. Me sentía demasiado mal para llorar, demasiado confundido. La badana cayó otra vez, luego se detuvo. Yo me puse de pie y esperé. Le oí colgar la badana.
-La próxima vez -dijo-, no quiero encontrar ni una hoja.
Le oí salir del baño. Cerró la puerta. Las paredes eran hermosas, la bañera era hermosa, el lavabo y la cortina de la duche eran hermosas, hasta el wáter era hermoso. Mi padre se había ido.
...
Podía ver el camino que se abría frente a mí. Yo era pobre e iba a continuar siéndolo. Pero tampoco deseaba especialmente tener dinero. No sabía qué es lo que quería. Sí, lo sabía. Deseaba algún lugar donde esconderme, algún sitio donde no tuviera que hacer nada. El pensamiento de llegar a ser alguien no sólo no me atraía sino que me enfermaba. Pensar en ser un abogado, concejal, ingeniero, cualquier cosa por el estilo, me parecía imposible. O casarme, tener hijos, enjaularme en la estrucutra familiar. Ir a algún sitio para trabajar todos los días y después volver. Era imposible. Hacer cosas normales como ir a comidas campestres, fiestas de Navidad, el 4 de Julio, el Día del Trabajo, el Día de la Madre... ¿acaso los hombres nacían para soportar esas cosas y luego morir? Prefería ser un lavaplatos, volver a mi pequeña habitación y emborracharme hasta dormirme.
Mi padre tenía un plan maestro. Me dijo:
- Hijo mío, cada hombre debería de comprar una casa en su vida. Cuando muera, su hijo heredaría esa casa. Más adelante ese hijo compra su propia casa y luego muere. Entonces su hijo hereda dos casas. Ese otro hijo pronto adquiere la suya propia y entonces ya tiene tres casas...
(...) Mi padre me había enviado a ese instituto para ricos deseando que se me pegara el aire de los dirigentes mientras observaba a los muchachos ricachones haciendo chirriar sus cupés color crema y acompañando a chicas de trajes brillantes. Sin embargo, aprendí que los pobres normalmente permanecen en la pobreza. Que los jóvenes ricos husmean el hedor de los pobres y aprenden a encontrarlo divertido. Tienen que reírse, porque de lo contrario sería demasiado aterrador. Han aprendido eso a lo largo de los siglos. Nunca perdonaré a las chicas por meterse en esos cupés color crema con los rientes muchachos. No podían evitarlo, por supuesto, pero siempre pensabas que tal vez... Pero no. No había tal vez. El bienestar económico significaba victoria, y la victoria era la única realidad.
¿Qué mujer elige vivir con un lavaplatos?
...
La gente sólo piensa en las injusticias cuando les sucenden a ellos.
...
Uno de los errores de la democracia es que el voto universal da lugar a un líder común que nos conduce a una vida vulgar; apática y predecible.
...
Necesitamos amor, pero no el tipo de amor que la gente utiliza y es utilizada por él.
...
Estábamos todos metidos en lo mismo. Todos apilados en un inmenso reterte lleno de mierda. No había escapatoria, íbamos a desaparecer con una cascada de agua cuando tiraran de la cadena.
 
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Reza la contraportada; “El joven Chinaski-algo así como el hermano paria de Holden Cauldfiel, el dulce héroe de Salinger en Catcher in the rye(al que Bukowski parece aludir en el título original Ham on rye)- tiene que aprender las reglas implacables de una durísima supervivencia.”
Y..sí, puede que Chinaski recuerde vagamente a Holden(muy vagamente).. Porque Chinaski es un Holden nada mimado, nada consentido y mucho, mucho más desgraciado. Y es que Holden, en ocasiones, me pareció más un producto que un personaje, Hank(Chinaski) me resultó más real, más cercano..y sí empaticé con él, cosa que no me ocurrió con Holden..
Y a sabiendas de que las comparaciones son odiosas, sin lugar a dudas, diría que esta Senda supera a aquel Guardián..

Hank, no cree en nada, no encuentra sentido a su vida, se sabe diferente... y con esa premisa Bukowski nos describe su infancia y su juventud, sus traumas y sus conflictos, rodeados todos ellos de la atmósfera de la gran ciudad, los efectos de la Depresión, los bajos fondos...y la guerra que llegará..
Y así vamos descubriendo una dura lectura, a veces descarnada, pero con ecos de poesía, en la que la vida parece un mero trámite, una fuga constante, y en la que la condición humana de nuestro protagonista destaca por su capacidad de vivir al límite porque el final, de alguna manera, parece estar ya escrito. Una lectura en la que parece no hay salvación posible, ni una visión romántica de sentimientos como el amor o la amistad... pero sí nostalgia, una nostalgia de lo desconocido, que, en algún momento del libro me recordó a aquella escena de “Princesas”(F. León de Aranoa) en la que la “princesa” nos dice que...”tener nostalgia en sí no es malo, eso es que te han pasado cosas buenas y las echas de menos,,yo, por ejemplo, no tengo nostalgia de nada, porque nunca me ha pasado nada tan bueno como para echarlo de menos. Eso sí que es una putada...¿Se podrá tener nostalgia de algo que aún no te ha pasado?..Porque a mi a veces me pasa....”
Nostalgia...y sólo una senda que seguir..
Bukowski nos retrata esa senda de supervivientes, de esos que se mantienen al margen de la sociedad, nos muestra las tinieblas en lugar de las luces, habitaciones míseras y sórdidas, barrios bajos(y otra vez sórdidos) y el final de cada día de colegio, donde Hank parece aprender más que durante las horas lectivas..
Y nos retrata los primeros años del protagonista(o los suyos) con frases cortas que sacuden, desde una mirada que no vislumbra el “sueño americano”, donde la sociedad, resquebrajada por La Depresión ha dejado un país plagado de gente falta de ilusiones.. Y de ahí bebe Hank, con un padre que simula tener un trabajo que no posee, que sólo parece evadirse y desahogar sus miserias con las palizas inesperadas al Hank niño, con la ausencia de la figura materna, la falta de refugio que se reduce a las cuatro paredes de su habitación, y todo parece un combate perdido de antemano, marcado por las cicatrices de un acné salvaje que calan esas marcas en su alma, que le retraerán aún más y le harán ver(y sentir) de un modo diferente. Y desde su punto de vista, veremos los amigos que aparecen y desaparecen sin dejar un rastro tangible, el sexo como algo inalcanzable, el asumir golpes, el chico raro que acaba siendo el chico duro, el que ya no siente(o no muestra) dolor ante las palizas del padre...y va creciendo.. y en sus primeros trabajos descubre los prejuicios clasistas y acaba asumiendo su soledad como una forma de mantenerse en pie durante el continuo combate que es la vida...
Ya sólo le queda, al pequeño perdedor,no avergonzarse de sus cicatrices..

Y es que, el chico que acaba pareciendo duro, el chico que parece gritarle al mundo que no necesita el cariño ni la ayuda de nadie, en realidad, con esos mismos gritos, pero esos que no se oyen...que nacen dentro y a veces no sabemos ponerles sonidos, transformarlos en palabras.. en realidad, necesita, como necesitamos todos.. nuestra porción de cariño.. Nuestro trozo de dulce pastel..
 
Mi voto: 7