Algunos libros son leídos, otros devorados, poquísimos masticados y digeridos.
(Francis Bacon)

martes, 18 de junio de 2013

Espera a la primavera, Bandini - John Fante

Autor: John Fante
Título original: Wait until spring, Bandini
ISBN: 9788433968142
Género: Narrativa
Editorial: Anagrama
Fecha de publicación: 1938
Fecha de edición: 2005
Páginas: 224
 
Sinopsis:
América sucumbe a la Gran Depresión. Arturo Bandini, hijo de inmigrantes italianos, transita entre la infancia y la adolescencia. Su padre, Svevo, amante del vino y las mujeres, es albañil, pero en pleno invierno apenas hay trabajo y la inactividad lo desespera. Su madre, María, es una católica ferviente, a un tiempo sumisa y feroz. Esperando la primavera crece el joven Arturo, adolescente turbulento que intenta abrirse camino en la vida y sobrevivir cuando el padre abandona el hogar...
 
Fragmentos;
 
El aire frío le humedeció los ojos. Eran dulces, eran castaños, eran ojos de mujer. Le había quitado los ojos a su madre al nacer, ya que después del nacimiento de Svevo Bandini, la madre no había sido ya la misma, achacosa siempre, siempre con expresión de enferma después del parto, hasta que murió y a Svevo le tocó tener ojos castaños y dulces.
...
Svevo Bandini tenía un esposa que no decía nunca: dame dinero para dar de comer a los niños, pero tenía una esposa de ojos grandes y negros que el amor encendía hasta el empalago, unos ojos muy suyos que le escrutaban furtivamente la boca, las orejas, el estómago y los bolsillos. La astucia de aquellos ojos era triste, pues siempre sabían cuando le había ido bien en los Billares Imperial. ¡Vaya ojos para una esposa! Veían todo lo que él era y esperaba ser, pero su alma jamás.
...
La casa no se había pagado. Era su enemiga aquella casa. Tenía voz y le hablaba siempre, igual que un loro, cotorreándole lo mismo sin parar. Cada vez que sus pies despertaban crujidos en el suelo del soportal, la casa le decía con insolencia: No eres mi dueño, Svevo Bandini
y nunca seré tuya. Cada vez que rozaba el pomo de la puerta principal era lo mismo. Durante quince años la casa le había importunado y exasperado con su cretina independencia. Había ocasiones en que la quería dinamitar y reducir a escombros. Cierta vez había sido muy fuerte la provocación, la provocación de aquella casa que, semejante a una mujer, le incitaba a poseerla. Pero al cabo de trece años había acabado por cansarse y renunciar, y la arrogancia de la casa había aumentado. A Svevo Bandini ya no le importaba. 
...
Arturo Bandini estaba convencido de que cuando muriese no iría al infierno. Para ir al infierno había que cometer un pecado mortal. Él había cometido muchos, lo sabía, pero la confesión lo había salvado. Siempre se confesaba a tiempo, es decir, antes de que la muerte se le presentara. Y tocaba madera cada vez que pensaba en ello: que siempre habría tiempo antes de morir. De modo que Arturo estaba archiconvencido de que cuando muriese no iría al infierno. Por dos motivos. Por la confesión y porque era un corredor muy rápido.
 ...
Te amo, Rosa. Era tan así, tan de aquella manera. Era pobre también, hija de un minero,
pero los chicos mariposeaban a su alrededor para escucharla, porque no les importaba, y él la envidiaba y se sentía orgulloso de ella, al tiempo que se preguntaba si los que la rodeaban solícitos habían pensado alguna vez que él también era italiano, igual que Rosa Pinelli.
Habla conmigo, Rosa. Mira hacia aquí aunque sólo se una vez, hacia aquí, Rosa, donde yo te miro.
...
 -¡Gracias a Dios! ¡Oh, gracias a Dios!
-Sí, mucho a intervenido él en ésto. Soy yo el que ha conseguido el trabajo. Soy ateo, niego la hipótesis de Dios.
...
Su casa.
Hela allí, con luz en la salita. Su casa, un lugar donde nada sucedía nunca, donde hacia calor y donde no moraba la muerte.
-Arturo...
Su madre estaba en la puerta. Pasó junto a ella, entró en la salita cálida y la olió, la sintió, se deleitó en ella. August y Federico se habían acostado ya. Se desnudó aprisa, con furia, en la semioscuridad. Luego se apagó la luz de la salita y la casa quedó a oscuras.
-Arturo.
Fue junto a la cama de su madre.
-Sí.
La madre apartó las frazadas y le tiró del brazo.
-Acuéstate, Arturo, a mi lado.
Hasta los dedos se le antojaron disueltos en lágrimas cuando se acostó junto a su madre y se sumergió en el calor dulce de sus brazos.
...
 
 
 
Días intensos, días tristes.
Esos son los días que inundan la vida de la familia Bandini, la espera a la primavera, para el albañil sin trabajo que es Svevo y para el adolescente que quiere ser jugador de béisbol que es Arturo. Un adolescente que empieza a recibir los primeros golpes de la vida.
Días intensos, días tristes.
Son también los días de John Fante, porque leyéndo, siguiendo, entendiendo y no entendiendo a Svevo, a Arturo, incluso a María, no pude dejar de pensar que este hombre realmente escribía cosas muy personales (ya había leído que Bandini (hijo) era el alter ego del autor, pero una cosa es saberlo y otra... sentirlo).
 
En esta primera novela de la llamada "Tetralogía de Bandini", empaticé con Arturo -como empaticé con Hank Chinaski en "La senda del perdedor", y como el propio Bukowski empatizó con el mismo Arturo- , este adolescente difícil, bocazas, con sus redudantes monólogos interiores, con sus aires de superioridad para con sus hermanos y con su sanísima locura. Le entendí.
Arturo reprocha y admira a su padre casi a partes iguales; Svevo (como su hijo) también espera a la primavera; "¿quién contrata albañiles en invierno?", y aguanta esa espera poniendo sus esperanzas en el juego. No hay "sueño americano" para Svevo Bandini.  Su mujer, en cambio, no pierde la fe, ella cree que rezando se asegura y, lo que es más importante, asegura a los suyos un lugar en el cielo (que no entiende de nacionalidades). María, apocada y dulce afronta y soporta cada día la desesperación de Svevo y las travesuras de sus hijos.
 
Arturo no es italiano, eso quiere dejarlo claro. Arturo tiene muchos deseos:
Arturo quiere huír de su familia empobrecida, de la escuela católica que lo satura de culpas. Quiere ser jugador de beisbol en los Yankis. Quiere que llegue la primavera para poder salir al campo a jugar a su deporte favorito con sus compañeros. Quiere que su madre vuelva a ser una madre valiente y hermosa. Quiere negar que sabe que su madre ya no es así en gran parte por culpa de su padre. Quiere que su padre tenga éxito en todo lo que se proponga. Y sobre todo quiere que Rosa Pinelli lo mire a él como él la mira a ella. Arturo Bandini será, algún día, el marido de Rosa Pinelli -se dice-.
Pero.... la nieve y la pobreza parecen aliarse en contra de Arturo.
La primavera parece que no llegará nunca. El invierno es largo, y antes de llegar a la primavera llegarán las Navidades, otra demostración más de su condición. Las Navidades están hechas para los niños ricos.
Su padre se va de casa...
Y Rosa Pinelli... su Rosa, ni lo mira..
 
La historia de Arturo puede parecer una historia vulgar (Fante parece dedicarse "sólo" a querer contarnos la historia), pero es provocadora y tristemente hermosa...
Arturo comete fechorías; roba (por amor), se mete con sus hermanos, dice obscenidades, blasfema, no soporta a su abuela e incluso...."mata". 
 Pero es que Arturo es todavía un niño, un niño que quiere olvidarse de todo y jugar (y al final le toca jugar a ser adulto).
Y a Arturo, el peso de la familia, el peso de la religión e incluso el peso del amor terminan por sepultarlo -a la espera de la primavera- en la nieve.
Pero Arturo no se rinde, sabe que algún día saldrá el sol primaveral que derretirá la nieve y lo librará de su sepultura...
 
"Espera a la primavera, Bandini" es una novela "realista". La historia parece no ir a ninguna parte, más allá de la interminable espera... pero aún así, Fante te va enganchando a esta historia familiar, te va cargando de sentimientos encontrados... 
No hay final.
De repente... te encuentras en la última página.
No hay nada más.
Y sin embargo... el final lo desata todo.
 
-Pronto será primavera -dijo Svevo.
Mientras tanto... días intensos, días tristes...
 
Seguiré los pasos de Arturo Bandini...(o de John Fante)..
 
 
Mi voto: 7
 
Cine;
-Espera la primavera, Bandini. (1989. Bélgica) Dominique Deruddere.
 
 
 

martes, 11 de junio de 2013

Homo Faber - Max Frisch

Autor: Max Frisch
ISBN: 84-89669-53-8
Título original: Homo Faber
Género: Literatura contemporánea
Editorial: Diario El País, S.L.
Fecha de publicación: 1957
Fecha de edición: 2002
Número de páginas: 261
 
Sinopsis;
El ingeniro Walter Faber está acostumbrado a que el mundo responda técnicamente, de acuerdo con la ley de probabilidades. Siempre ha tenido el más absoluto control de las cosas y las personas que lo rodean, hasta que llega a Corinto y la tragedia irrumpe en su vida con toda su implacable y humana violencia.
 
Fragmentos;
 
(...) Claro que no me refería a los robots como suelen pintarlos las revistas ilustradas, sino a las máquinas de calcular de gran velocidad, los llamados cerebros electrónicos, máquinas que actualmente superan ya a cualquier cerebro humano. Son capaces de realizar 2.000.000 de sumas o restas en un minuto. En el mismo tiempo realizan un cálculo infinitesimal, calculan logaritmos a una velocidad superior a la que nosotros necesitamos para leer el resultado, y un problema que antes hubiera exigido toda la vida de un matemático lo resuelven en pocas horas y en forma mucho más segura; la máquina no puede olvidar nada porque comprende todas las informaciones necesarias mucho mejor que un cerebro humano y en ella no cabe margen de error. Pero sobre todo, la máquina no tiene experiencias, no tiene miedo ni esperanzas, sólo sirven para estorbar, no tiene deseos en cuanto al resultado, sino que trabaja según la pura lógica de la probabilidad, por eso sostengo yo que el robot comprende mejor que el hombre, sabe mejor lo que sucederá en el futuro que nosotros, porque lo calcula, no especula ni sueña, sino que es gobernada por sus propios resultados y no puede equivocarse; el robot no necesita intuiciones...
...
La muchacha quiso salir en mi ayuda y, en vista de que yo no conocía las esculturas del Louvre, llevó la conversación hacia los robots; pero yo no tenía ganas de hablar de robots y me limité a decir que las esculturas y esas cosas no son otra cosa (para mí) que antepasados de los robots. Los primitivos trataban de anular la muerte reproduciendo el cuerpo humano; nosotros, en cambio, lo hacemos sustituyendo al hombre. Técnica en lugar de mística.
...
(...) La interrupción del embarazo es hoy en día una cosa completamente comprensible. Fijémonos un poco: ¿adónde iríamos a parar si no hubiera aborto voluntario? El progreso de la medicina y la técnica obligan precisamente al hombre consciente a tomar nuevas medidas. En un siglo, la humanidad se ha triplicado. Antes no había higiene. Engendrar y parir y dejar que los hijos se mueran durante el primer año, como quiere la Madre Naturaleza, es más primitivo, pero no más moral. Lucha contra la fiebre puerperal. Cesáreas. Incubadoras para los prematuros. Hoy nos tomamos la vida más en serio que antes. Johann Sebastian Bach puso trece hijos (o algo así) en el mundo, de los cuales no vivieron ni el 50 por ciento. Las personas no son conejos, sino resultado del progreso: hemos de regular nosotros mismos las cosas. Amenazadora superpoblación de la Tierra.
(...) Así lo hace la Naturaleza en todas partes: superproducción para asegurar la conservación de la especie. Pero nosotros tenemos otros medios para asegurarla. ¡Gloria a la vida! La natural superproducción (si los hombres se siguen reproduciendo alegremente como las bestias) se convertirá en catástrofe; no será la conservación de la especie, sino la destrucción de la especie.
(...) Un vistazo a las estadísticas: regresión de la tuberculosis, por ejemplo, éxito de la profilaxis, ha disminuido de un 30 por ciento a un 8 por ciento. Nuestro Señor lo hacía con epidemias; nosotros le hemos quitado las epidemias de las manos. Consecuencia: tenemos que quitarle también de las manos la reproducción. Nada de remordimientos, al contrario: la dignidad del hombre de actuar con cordura y decidir por su cuenta. Si no, tendremos que sustituir las epidemias por guerras. Se acabaron los romanticismos.
Quien se niegue rotundamente a aceptar el aborto voluntario es un romántico y un irresponsable. Naturalmente, no hay que practicarlo a la ligera, pero sí aceptar el principio: tenemos que enfrentarnos con el hecho de que la existencia de la humanidad es, en el último término, una cuestión de materias primas. Es una aberración fomentar públicamente la natalidad en países fascistas, pero también en Francia. Es una cuestión de espacio vital. No hay que olvidar la mecanización: ya no necesitamos tanta gente. Sería más sensato aumentar el nivel medio de vida. Todo lo demás conduce a la guerra y a la destrucción total. La incultura y la falta de objetividad están todavía muy difundidas. Siempre son los moralistas los que más desgracias ocasionan. El aborto provocado es una consecuencia de la cultura; sólo la selva cría y se pudre como quiere la Naturaleza. El hombre planifica. El romanticismo ha sido la causa de mucha infelicidad, de gran número de matrimonios catastróficos que todavía hoy se celebran por miedo a practicar el aborto.
...
(...) pero no es verdad que yo no sea capaz de disfrutar; disfrutaba de cada momento que se lo merecía. Yo no hago aspavientos, no canto, pero disfruto como los demás. ¡Y no únicamente con una buena comida! Tal vez no sepa siempre expresarme....
...
 
Homo faber: El hombre que produce o fabrica.

Este es mi segundo acercamiento al escritor suizo después de "No Soy Stiller", que me costó mucho más terminar. Homo Faber tiene un ritmo mucho más ágil, se lee rápidamente, reconozco que al principio, cuando empiezas a intuir qué va a ocurrir, el "motivo" que provoca la transformación del protagonista, llegué a pensar que aquello no me iba a gustar. Me equivoqué.

Creo que Frish nos plantea, ante todo, el paradigma del hombre en lucha contra su propia negación. Nos muestra a su protagonista, Walter Faber, como un hombre solitario, individualista y que se piensa libre. Un hombre que sólo cree en lo que logra ser probado por las estadísticas o las probabilidades. Para él el destino no existe.
Y otra vez (dos de dos) Frisch y la identidad. Para el autor suizo parece que la identidad tiene una doble variante: por una parte, la imagen que los demás tienen de uno mismo (de esto trata bastante en "No soy Stiller"); por la otra, lo que uno es para sí mismo, en Homo Faber, Walter, no de una manera explícita pero sí insistente se pregunta quién es, qué es, qué está haciendo con su vida...

Y Walter... es ingeniero y trabaja para la UNESCO en los países subdesarrollados..
Y a Walter... no le gusta soñar, ni le gustan las novelas.

La historia empieza con un incidente aéreo. A pesar de lo improbable que para Walter resulta, dos turbinas fallan, primero una, luego la otra... y no queda otra que un aterrizaje de emergencia, en mitad de un desierto mexicano, un paraje inhóspito a 70 kilómetros de cualquier punto habitado. Un territorio caluroso, asolado por la aridez, yermo... pero de algún modo amenazante para el Homo Faber que es Walter...
Este percance establece el que será el argumento principal de la obra. El avión es una de las más grandiosas creaciones de la ingeniría, y para Walter, diseñador de turbinas, el avión tiene casi una categoría de infalible. Por lo tanto, el aterrizaje forzoso en la naturaleza seca e inhóspita simboliza la ruptura de las certezas, la llegada de sucesos no previstos en su destino....
Y...¿qué pasa cuando las certezas y convicciones de uno se rompen, desaparecen? A Walter lo que le ocurre es que acaba transitando desde su cómodo y tranquilo mundo de probabilidades hasta la admisión de las contrariedades, del destino, del instinto... y admitir todo ello, tener que rectificar, a él parece que se le antoja el fracaso de una vida;
"Instrucciones en caso de defunción: todos los testimonios de mi vida, como son confesiones, cartas y cuadernos de notas, deben ser destruídos, nada es verdad."

Pronto conoceremos -y conocerá Walter- que las leyes de la probabilidad han vuelto a fallarle. Hay muchas coincidencias, importantes pero que no detallaré para evitar contar demasiado y para intentar no explayarme mucho más...
En la inquebrantable existencia de Walter todo tenía su lugar con un grado de certeza, pero el accidente aéreo abre una fisura por la que parece -a base de casualidades, algunas casi inverosímiles- querer colarse la fatalidad....

Después, el viaje en barco, la irrupción de la chica de la cola de caballo rojiza (Sabeth), y otra vez la fatalidad...
El reencuentro con Hanna después de veinte años (su único amor), la esperanza...

Walter ha cambiado.
Hay un pasaje, en Nueva York, después de todo lo ocurrido, en el que Faber, medio borracho, llama a su propia casa y alguien que no es él, le constesta. Sorprendido, vuelve a hacerlo varias veces. Mismo resultado. Incluso le pide a un camarero que lo haga, que llame por él. Mismo resultado...
Creo que lo que pretende indicarnos Frisch aquí es que Walter está llamando a alguien que ya no es él. Ese modo de exponerlo me pareció sublime.
Walter ha cambiazo.
Quizá demasiado tarde.

El estilo que usa Frisch puede resultar algo frío, a veces apático, pero acaba resultando concordante con el carácter de Faber, y alcanza una transformación del tono narrativo a medida que se desarrolla la historia y las circunstancias del protagonista van cambiando. Me gustó esa evolución...

Max Frisch sigue haciendo que me pregunte muchas cosas.
Y para eso nunca es tarde.

"Ya vienen." -Dice Walter...
 
Mi voto: 8
 
 
Cine;
-El viajero. (1991 Alemania)Volker Schlöndorff
 
 
 

martes, 4 de junio de 2013

Las partículas elementales - Michel Houellebecq

Autor: Michel Houellebecq
Título original: Les  particules élémentaires
ISBN: 9788433967305
Género:Narrativa
Editorial: ANAGRAMA
Fecha publicación: 1998
Fecha de edición: 2011
Número de páginas: 220
 
 
Sinopsis;
En Las partículas elementales, Houellebecq lleva a sus últimas consecuencias su frase: "Toda sociedad tiene sus puntos débiles, sus llagas. Meted el dedo en la llaga y apretad bien fuerte." La novela narra el improbable nudo que unirá los destinos de dos hermanastros: Miche, prestigioso investigador en biología, especie de monje científico que a los cuarenta años a renunciado a su sexualidad y sólo pasea para ir al supermercado; y Bruno, también cuarentón, profesor de literatura, obsesionado por el sexo, consumidor de pornografía, misógino, racista, un virtuoso del resentimiento. Encarnación consumada, en fin, de una sociedad en la que la velocidad de el placer no deja tiempo al nacimiento del deseo. Ambos han sido abandonados por una madre que prefirió una comunidad hippie en California a cualquier otro empeño.
 
 
Fragmentos;
 
Él sólo quería amar; al menos no pedía nada. Nada concreto. La vida, pensaba Michel, tenía que ser algo sencillo; algo que pudiera vivirse como un conjunto de pequeños ritos, indefinidamente repetidos. Ritos al fin y al cabo un poco estúpidos, pero en los que, en el fondo, se pudiera creer. Una vida sin apuestas y sin dramas. Pero la vida de los hombres no estaba organizada así. A veces salía, observaba a los adolescentes y los edificios. Una cosa era segura: nadie sabía ya cómo vivir. Bueno, estaba exagerando: algunos parecían movilizados, como si los arrastrara una causa; su vida parecía cargada de sentido. Los militantes de "Act Up", por ejemplo, creían importante que pusieran anuncios en la tele que otros consideraban pornográficos, en los que se veían diversas prácticas homosexuales filmadas en primer plano. Por lo general, su vida parecía agradable y activa, salpicada de acontecimientos variados. Tenían muchos amantes, se daban por culo en los "backrooms". A veces los preservativos resbalaban o se rompían. Entonces se morían de sida; pero también esa muerte tenía un sentido militante y digno. por otra parte, la televisión, sobre todo el primer canal, daba una lección permanente de dignidad. De adolescente, Michel creía que el sufrimiento otorgaba al hombre una dignidad adicional. Ahora tenía que reconocer que estaba equivocado. Lo que otorgaba al hombre una dignidad adicional era la televisión.
...
En el fondo, se preguntaba Michel observando los movimientos del sol sobre las cortinas; ¿para qué servían los hombres? Puede que en épocas anteriores, cuando había muchos osos, la virilidad desempeñara un papel específico e insustituible; pero hacía siglos que los hombres, evidentemente, ya no servían para casi nada. A veces mataban el aburrimiento jugando partidos de tenis, cosa que era un mal menor; pero a veces les parecía útil avanzar la historia, es decir, provocar revoluciones y guerras, esencialmente.
...
La palabra que crea una relación, tambien puede separar.
...
Una mentira es útil cuando permite transformar la realidad, pensó; pero cuando la transformación fracasa sólo queda la mentira, la amargura y la conciencia de la mentira.
...
Puede que la vejez sea eso; las reacciones emocionales se embotan, hay pocos rencores y pocas alegrías; uno se preocupa sobre todo por el funcionamiento de sus órganos, por su precario equilibrio.
...
Acumulamos recuerdos para sentirnos menos solos en el momento de la muerte.
...
El humor no nos salva; no sirve prácticamente para nada. Uno puede enfrentarse a los acontecimientos de la vida con humor durante años, a veces muchos años, y en algunos casos puede mantener una actitud humorística casi hasta el final; pero la vida siempre nos rompe el corazón. Por mucho valor, sangre fría y humor que uno acumule a lo largo de su vida, siempre acaba con el corazón destrozado. Y entonces uno deja de reirse. A fin de cuentas ya sólo quedan la soledad, el frío y el silencio. A fin de cuentas, sólo queda la muerte.
...
 
 
 
 Creo que lo que Houllebecq se propone en gran parte con este libro (y consigue) es, ante todo, una crítica despiadada a la sociedad a partir del "yo", del individuo y de cómo con sus decisiones individuales se condiciona a sí mismo y condiciona lo (y a quién) le rodea. Creo que es, sobre todo, una crítica al individualismo.
Houllebecq parece pensar que cuando se tomó conciecia y se implantó la modernidad a la tradición, ésta nos implantó el individualismo, al creer que sólo desde él mismo se podría conseguir la felicidad...
Y el egoísmo que conlleva el individualismo acabó convirtiéndose en el eje sobre el que gira nuestra sociedad...
Porque para el autor, el individualismo es como una enfermedad que nos provoca una sed difícilmente saciable, que, además, es utilizado por el propio sistema para, en vez de ayudarnos y rescatarnos de este mal, nos esclaviza, y lo único que se consigue es encerrar al individuo en su propia soledad, en una infinidad de deseos, la mayoría de ellos impuestos, la mayoría de ellos imposibles de satisfacer... Esto es lo que me pareció que intentaba Houellebecq hacernos creer, que esa espiral de deseos egoístas, difícilmente se podrá parar, porque si de algo carece el hombre expuesto en esta novela es de futuro....y de libertad.
Dice el propio autor en la contraportada; "Meted el dedo en la llaga y apretad bien fuerte." Y vaya si aprieta. Aprieta y consigue escocer; la desolación y la soledad inundan muchas de sus páginas, porque lo que se nos muestra es un ser humano que ha fracaso, una sociedad degradada, en la que es difícil la comunicación, en la que las religiones han fracasado... Y ésto parece llevar a Michel (uno de los hermanos protagonistas) a creer (y dedicar por entero su vida) a que la única salvación es la ciencia, pero la ciencia carece de calor, es fría, no consuela ni ofrece un hombro en el que llorar. La ciencia para cambiar al hombre... Pero la ciencia también es egoísta... Y su sueño se va desvaneciendo, pero aún así, no puede dejar de abrazar a la ciencia..
Otra de las cosas que también destacaría es la importancia y las consecuencias de el paso del tiempo, del declive al que los años someten (y nos someten) a los protagonistas, sobre todo al envejecimiento físico debido a la importancia que se le da hoy en día, en una sociedad en la que reina lo estético...
También el amor, pese a estar poco nombrado, juega un papel importante en la novela, los personajes femeninos; la madre de ambos, Anabelle (la chica a la que cualquier hombre amaría) y Cristiane (la mujer a la que cualquier hombre querría "acompañar" en los asuntos carnales), acompañan (unas veces físicamente y otras veces con sus ausencias) y transforman a ambos hermanos.
Y sí, es verdad, el sexo y la ciencia (de lo segundo se critica menos al hablar de la novela), ocupan muchas páginas. ´
¿Eso la hace peor novela? No lo creo, más que nada porque hay partes del libro en el que se expone y trata la llamada supuesta liberación sexual (Mayo del 68, el auge del movimiento hippie, étc..), y porque el personaje de Bruno está especialmente condicionado por el sexo y esas "escenas" nos ayudan a conocer sus fobias y a conocerlo un poco a él. Houellebecq utiliza el sexo (a veces explícitamente, sí), como catalizador de angustias, de frustraciones, y de la exclavitud que más de uno padece con respecto a él...
Y el personaje de Michel, cómo no, está condicionado por la ciencia, que también ocupa páginas y páginas. Sus investigaciones luego son utilizadas y puestas en prácticas para llegar al final (que viene a ser como otro principio) de la historia...
Hay una discusión curiosa entre ambos hermanos sobre el libro de Aldous Huxley "Un mundo feliz", que no me atrevo a comentar porque aún no lo leí (por casa lo tengo, le haré un hueco pronto)...
Definiría este libro como una novela entre la ciencia ficción y el nihilismo.
Y como cualquier obra en parte nihilista, recomendable... pero no a cualquiera...
 
 
Mi voto: 7
 
 
Cine;
-Las partículas elementales.(2006. Alemania) Oskar Roehler.

 
                                                          
                                      
                                                           
                                                           
                                                           
                                                            
                                                                      
 
 
 
 
 




miércoles, 29 de mayo de 2013

La Parranda - Eduardo Blanco Amor

Autor: Eduardo Blanco Amor
Título original: A esmorga
ISBN: 9788433410863
Género: Narrativa
Editorial: Ediciones Júcar
Fecha de publicación: 1959
Fecha de edición: 1985
Número de páginas: 160
 
Sinopsis;
La novela, «comenzada por una visión seminconsciente de mi infancia», dice su autor, fue escrita de un tirón, en poco más de un mes. El escritor parecía liberarse así de viejos fantasmas. Blanco-Amor concentra en ella todo un mundo marginal de prostitutas, camorristas, machos elementales y machos con corazón de mujer, en una ciudad, Auria, que podía ser cualquiera de la lastimada geografía española de principios de siglo. La parranda es la novela de un crimen, de una muerte que se espera desde el principio y que el escritor retrasa, sabiamente, bajo el celaje ritual de la lluvia, monótona, constante, interminable. Pero es también la historia de la tensión secreta de un personaje, Milhomes, que partícipe de un itinerario violento de veinticuatro horas con dos compañeros de borrachera y juerga, se arrastra hacia un previsible y violento final presidido por la muerte.
 
Fragmentos;
 
(...) Si no pensase tanto, me decía para mis adentros, sería como esos que están ahí a sus anchas, con el bandullo lleno de comida, durmiendo como chicos entre una diablura y otra, que así es, y cada uno es como es... Pero yo no, yo cavilo las cosas, pasando de las que son a las que no son, y de unas en otras siempre llego a la muerte, y entonces ya no pienso más, porque al llegar ahí es cuando me coge de lleno el "pensamiento", que es como marcharme de este mundo, y que no es el irle pasando las cosas a uno por la mollera, una a una, como suelen, con sus lugares, sus caras y el nombre de las cosas. El "pensamiento" es venir todo junto y embrollado en un solo instante, hasta que ya no aguanto más y todo se me borra... Que así es la cosa, como si fuese enfermedad, aunque doler no me duele nada. Cuando me viene de repente, es como algo que se me creció, así, como dentro de la tabla del pecho, perdonando el modo de señalar, como si me quisieran estallar los pulsos, y que me lleno todo de una fuerza tal como si fuese a saltar en pedazos.
¡Qué barbaridad! Pero otras veces me viene adespacio, y es como una cansera, como cuando uno se empieza a dormir, y comienzo de hundirme, de hundirme, que es cuando más miedo me da, que despierto de un salto, porque tengo cavilado que si me dejo ir hasta hundirme del todo la cosa no va a parar hasta la muerte. Y, si a mano viene, puede ser que sea la muerte que anda ansiosa de mí para llevarme sin enfermedad, como quien se duerme, que ya se han visto casos... y las más de las veces que me doy al vino es para librarme de eso, aunque no se crea, pero cada uno sabe lo suyo y Dios lo de todos. El vino es lo único que me aparta del "pensamiento", lo único que me saca de este ir cayéndome para dentro de mí, que no me puedo parar sino en la muerte...
No sé si usía me entendió, pero ahora ya lo sabe todo.
...
 
-No, señor, no tengo ni más ni menos ganas de hablar que ayer. Lo que pasa es que, de aquí en adelante, tengo que pensar bien las cosas antes de soltarlas... Tengo que removerlas bien, es un decir... Toda esta noche les estuve dando vueltas, que lleve el diablo lo que dormí, pues se me enredaban todas en la cabeza como aquel que no puede discernir; a caballo unas de las otras por la mollera, que hasta me semeja que tantas no son  para pasarlas en una sola noche.
...
 
-¿Y qué más hechos quiere usía? Los hechos son estos, uno a uno, tal como fueron sucediendo. Ya dije que el final de todos ellos fue por las cosas que antes pasaron, y todo ha de decirse, que si las cosas no hubieran pasado así, tampoco el fin hubiera sido como fue, ya lo dije también. Aunque lo cierto es que cada cosa que hacíamos no era como las que se suelen hacer en las parrandas, que todas son trastadas de diversión y mocedad, y que luego tienen remedio... Nosotros íbamos haciéndolas de mal en peor, como si las hiciésemos sin darnos cuenta, para que luego no tuvieran remedio, como quien va cerrando puertas tras sí y tirando las llaves, que eso es lo que quiero decir: como aquel que va hacia su perdición, sin más.
 
 
 
El "padecedor" de ese "pensamiento" no es otro que Cipriano (también llamado Cibrián o el Castizo), protagonista y narrador de los hechos...

Prácticamente todo el texto de la novela (salvando el comienzo; "Documentación", y el párrafo final que nos cuenta cómo acabó la juerga (La parranda) del Castizo y sus amigos) se basa en el amplio testimonio que el juerguista expone ante un juez, cuyas preguntas sólo conoceremos a través de las respuestas de Cipriano, pues durante toda la obra son sustituídas por guiones, un ejemplo;
-
-Sí, señor... Pues tengo que decir que seguía lloviendo a chuzos.

A través de ese "diálogo", Blanco Amor parece querer mostrarnos, sin "enseñarnos" las palabras, quien tiene el poder y los medios de presión...
Y es que el juez (el poderoso), es el de fuera, el "extranjero", y la distancia infranqueable entre el que interroga y el interrogado se marca constantemente -con una firme intención irónica- en las frecuentes aclaraciones, correcciones y divagaciones de las respuestas...
El diálogo acaba siendo trabajoso y hasta en cierto modo imposible, el juez sólo quiere respuestas concretas, el Castizo necesita, además..un desahogo..
Y así, ante los oídos del poderoso, siempre mudo, va desgranándose la inmoral historia de las correrías de Cipriano y sus amigos; Juanito el "Bocas" y Eladio el "Milhombres"...

Y esa historia es el enloquecido vaivén de una borrachera sin fin, la crónica de unas manos manchadas de sangre, la desolación de un viaje alucinado hasta el fondo de la botella, el esperpento desenfrenado que parece no buscar redención en unos, pero ser la última meta de nuestro narrador...
Y es también la historia de una virilidad mal entendida, de una sexsualidad no aceptada, de la tristeza no reconocida de Socorrito (protagonista fugaz pero importante en la historia)... y del final inmerecido que le espera..

Así que "La Parranda" acaba siendo la crónica de un mundo mísero y miserable, un terreno de claroscuros violentos y grotescos, unos hombres siempre mojados (por fuera por la incesante lluvia -omnipresente a lo largo la historia-, por dentro por el incesante trasiego de alcohol)...

Una fuerza ineludible parece conducir los pasos de los protagonistas hacia la desgracia; así parece entenderlo el Castizo en su orgullosa y autoimpuesta mansedumbre ante el juez...

Y cómo no, es la historia del padecer ese "pensamiento" (que cada lector le ponga la definición que crea conveniente)...
Y de cómo se quiso ser... y se acabó siendo...
 
Mi voto: 8
 
Cine;
-Parranda. (1977-España) Gonzalo Suárez

 



miércoles, 22 de mayo de 2013

Viaje al fin de la noche -Louis Ferdinand Céline (2)

 
Fragmentos;
 
Los hombres se aferran a sus cochinos recuerdos, a todas sus desgracias, y no hay quien los saque de ahí. Con eso ocupan el alma. Se vengan de la injusticia de su presente trabajándose en lo más hondo de su interior con mierda. Justos y cobardes son, en lo más hondo. Es su naturaleza.
...
Las ideas acaban también teniendo su domingo, te sientes más atontado aún que de costumbre.*
...
Enamorarse no es nada, permanecer juntos es lo difícil. La basura, en cambio, no pretende durar ni crecer. En ese sentido, somos mucho más desgraciados que la mierda, ese empeño de perseverar en nuestro estado constituye la increíble tortura.
Está visto que no adoramos nada más divino que nuestro olor. Toda nuestra desgracia se debe a que debemos seguir siendo Jean, Pierre o Gaston, a toda costa, durante años y años. Este cuerpo nuestro, disfrazado de moléculas agitadas y triviales, se revela todo el tiempo contra esta farsa atroz del durar. Quieren ir a perderse, nuestras moléculas, ¡ricuras!, lo más rápido posible, en el universo. Sufren por ser sólo "nosotros", cornudos del infinito. Estallaríamos, si tuviéramos valor; no hacemos sino flaquear día tras día.
...
El dolor se exhibe, mientras que el placer y la necesidad dan vergüenza.
...
Años después, cuando lo piensas, resulta que te gustaría mucho recuperar las palabras que dijeron ciertas personas y a las propias personas para preguntarles qué querían decir... Pero, ¡se marcharon para siempre!... No tenías bastante instrucción para comprenderlas... Te gustaría saber si no cambiarían tal vez de opinión más adelante... Pero es demasiado tarde... ¡Se acabó!
...
Cuando paseábamos juntos por las calles frecuentadas, la gente se volvía para compadecer al ciego. Tiene piedad, la gente, de los inválidos y los ciegos y se puede decir que tienen amor en reserva. Hay en cantidad. No se puede negar. Sólo, que es una pena que siga siendo tan cabrona, la gente, con tanto amor en reserva. No sale y se acabó. Se les queda ahí dentro, no les sirve de nada. Revientan, de amor, dentro.
...
 
Reconozco que me cuesta muchísimo "reseñar" un libro que no me ha gustado en absoluto, pero después de Viajar por la noche de Céline, me di cuenta de que soy igual de incapaz si la lectura me ha dejado sin palabras, pero lo intenté;
Y es que "enfrentarse" a este viaje y salir indemne es imposible.
Céline, con el viaje a su propia noche lo que consigue es una radiografía demoledora de la condición humana (una humanidad bastante deshumanizada). Su noche es su desesperanza (que acaba convirtiéndose en la desesperanza de quien le acompañe en su viaje)...
Su lectura nos habla de verdades como puños, de esas verdades que escuecen, y es que los dos Ferdinand (Barmadu y Céline), son capaces de arrastrarte, de manera vertiginosa, a las entrañas de ti mismo, a esa noche que quisíeramos no tener...
 
El protagonista (el propio Céline), ha peregrinado por el mundo -Francia y sus colonias, Estados Unidos y vuelta a Francia- y parece no haber encontrado ningún motivo que le haga ser optimista, y en su peregrinaje, persigue la noche, como si la noche pudiera mitigar las miserias de su propia existencia...
 
La lectura de este libro no se acaba nunca, no termina después de haber cerrado la última página, no. Si has entendido un poco (aunque sólo sea un poco) a Céline y su mala leche, su nihilismo... este viaje te perseguirá, de vez en cuando te revolverá las tripas, te sacudirá la conciencia y su viaje será tu viaje...
 
En fin, que este ha sido, hasta la fecha, mi mejor viaje literario...
 
(Releyéndome, me doy cuenta de las veces que he repetido las palabras "viaje" y "noche", pero ya avisé de mi incapacidad de trasladar a palabras todo lo que sentí con su lectura).
 
Mi voto: 10
 

jueves, 16 de mayo de 2013

Viaje al fin de la noche - Louis Ferdinand Céline (1)

Autor: Louis Ferdinand Céline
Título original: Voyage au bout de la nuit
ISBN: 978-84-350-0893-8
Género: Clásicos de la literatura
Editorial: EDHASA
Fecha de publicación: 1932
Fecha de edición: 2001
Páginas: 573
 
Sinopsis;
Es posible que, tras ciertas experiencias extremas, el mundo y sus habitantes tan sólo merezcan compasión o desprecio. La prosa amarga y quebradiza de Céline, su característico ritmo acelerado, el lirismo salvaje y descarnado con que construyó a sus personajes o la altiva mueca con que contempló la existencia han provocado siempre las más encontradas reacciones; pero sin duda le convierten en uno de los autores de mayor vigencia y, a través sobre todo de la generación beat, tal vez en el que mayor influencia ha ejercido en las nuevas promociones de narradores. Ferdinand Barmadu, el protagonista, es un héroe de nuestro tiempo, y sabido es que nuestro tiempo apenas sí da héroes: herido en la primera guerra mundial, enamorado de una prostituta sin futuro, sobreviviendo el las colonias francesas en África, persiguiendo su particular sueño americano, de regreso en Francia trabajando como médico rural... Una historia capaz de llegar a lo más hondo del corazón humano; una gran novela que contiene muchas claves para comprender la literatura europea y latinoamericana actual.
 
Fragmentos;
 
El brigada de avituallamiento, guardián de los odios de la tropa, dueño del mundo de momento.
Quien habla del porvenir es un tunante, lo que cuenta es el presente. Invocar la posteridad es hacer un discurso a los gusanos.
...
El amor es como el alcohol, cuanto más impotente y borracho estás, más fuerte y listo te crees y seguro de tus derechos. *
...
Perdemos la mayor parte de la juventud a fuerza de torpezas.
Era evidente que me iba a abandonar, mi amada, del todo y pronto. Yo no había aprendido aún que existen dos humanidades muy diferentes, la de los ricos y la de los pobres. Necesité, como tantos otros, veinte años y la guerra, para aprender a mantenerme dentro de mi categoría, a preguntar el precio de las cosas antes de tocarlas y, sobre todo, antes de encariñarme con ellas.
...
(...)Gradualmente, mientras duraba aquella prueba de humillación, yo notaba que mi amor propio estaba listo para dejarme, esfumarse aún más y después soltarme, abandonarme del todo, por así decir, oficialmente. Digan lo que digan, es un momento muy agradable. Después de ese incidente, me volví para siempre infinitamente libre y ligero, moralmente, claro está. Tal vez lo que más se necesite para salir de un apuro en la vida sea el miedo.
...
Los perros, cuando duermen, se parecen a los lobos.*
...
No hay que explicar nada. El mundo sólo sabe matarte como un durmiente, cuando se vuelve, el mundo, hacia ti, igual que un durmiente se mata las pulgas. La verdad es que sería una muerte muy tonta, me dije, como la de todo el mundo, vamos. Confiar en los hombres es ya dejarse matar un poco.
...
Es la edad también, que se acerca tal vez, traidora, y nos amenaza con lo peor. Ya no nos queda demasiada música dentro para hacer bailar a la vida: ahí está. Toda la juventud se ha ido a morir al fin del mundo en el silencio de la verdad. ¿Y adónde ir, fuera, decidme, cuando no llevas contigo la suma suficiente de delirio? La verdad es una agonía ya interminable. La verdad de este mundo es la muerte. Hay que escoger: morir o mentir. Yo nunca me he podido matar.
...
Una noche habrá que adormecer para siempre a la gente feliz, mientras duermen, os lo digo yo, y acabar con ella y su felicidad de una vez por todas. El día siguiente no se hablará más de su felicidad y habremos conseguido la libertad de ser desgraciados cuanto queramos...
...
El viaje es la búsqueda de esa nulidad, de ese modesto vértigo para gilipollas..*
...
"-De acuerdo -respondió ella-. Acompáñame hasta mi casa y te daré un poco de dinero y después te vas a donde quieras."
Quería dejarme tirado en plena noche y lo antes posible. Cosa normal. De tanto verte expulsado así, a la noche, has de acabar por fuerza en alguna parte, me decía yo. Era el consuelo. "Ánimo, Ferdinand -me repetía a mí mismo, para alentarme-, a fuerza de verte echado a la calle en todas partes, seguro que acabarás descubriendo lo que da miedo a todos, a todos esos cabrones, y que debe encontrarse al fin de la noche. ¡Por eso no van ellos hasta el fin de la noche!
...
En la fatiga y la soledad se manifiesta lo divino en los hombres.*
...
Ahora la casa está cerrada. Eso es lo único que he sabido. Buena, admirable Molly, si aún puede leerme, desde un lugar que no conozco, quiero que sepa sin duda que yo no he cambiado para ella, que sigo amándola y siempre la amaré a mi modo, que puede venir aquí, cuando quiera compartir mi pan y mi furtivo destino. Si ya no es bella ¡mala suerte!¡Nos arreglaremos! He guardado tanta belleza de ella en mí, tan viva, tan cálida, que aún me queda para los dos y para por lo menos veinte años aún, el tiempo de llegar al fin.
Para dejarla, necesité, desde luego, mucha locura y un carácter chungo y frío. Aún así, he defendido mi alma hasta ahora y Molly me regaló tanto cariño y ensueño en aquellos meses en América, que, si viniera mañana la muerte a buscarme, nunca llegaría a estar, estoy seguro, tan frío, ruin y grosero como los otros.
...
 


miércoles, 8 de mayo de 2013

Grandes esperanzas - Charles Dickens

Autor: Charles Dickens
Título original: Great Expectations
ISBN/ASIN: 9788483460139
Género: Clásicos de la literatura
Editorial: DEBOLSILLO
Fecha de publicación: 1860
Fecha de edición: 2006
Número de páginas: 664
 
Sinopsis;
Grandes esperanzas es uno de los títulos más célebres del gran autor inglés. Publicado originalmente en 1860, narra la historia de Pip, un joven huérfano y miedoso, cuyo humilde destino se ve agraciado por un benefactor inesperado que cambiará el sino de su vida y hará de él un caballero. Una maravillosa novela de aprendizaje y una magistral galería de protagonistas que trazan un acabado retrato de época, al mismo tiempo que una honda reflexión sobre las constantes de la condición humana. La realidad de la vida cotidiana en Inglaterra y la fantasía se dan la mano, mostrándonos un mundo extraordinariamente humano y detallista y una peculiar psicología de los personajes.
 
Fragmentos;
 
En el primer momento no me fijé en todo esto, pero vi más de lo que podía suponer, y observé que todo aquello, que en otro tiempo debió ser blanco, se veía amarillento.
Observé que la novia que vestía aquel traje se había marchitado como las flores y la misma ropa, y no le quedaba más brillo que el de sus ojos hundidos. Imaginé que en otro tiempo aquel vestido debió ceñir el talle esbelto de una mujer joven, y que la figura sobre la que colgaba ahora había quedado reducida a piel y huesos.
...
 
Al encontrarme delante de ella, rehuyendo su mirada, observé con detalle los objetos que nos rodeaban, y reparé en que tanto el reloj que había encima de la mesa como el que colgaba de la pared estaban parados a las nueve menos veinte.
-Mírame -medijo Miss Havisham-.¿No te da miedo una mujer que no ha visto el sol desde que tú naciste?
Lamento confesar que no dudé en responder que no, lo cual era una gran mentira.
-¿Sabes qué noto aquí? -preguntó al tiempo que ponía las manos en el costado izquierdo, una sobre otra.
-Sí, Señora. -Me hizo pensar en el joven.
-¿Qué toco?
-Su corazón.
-¡Destrozado! 
...
 
"Yo te diré-dijo con el mismo susurro apremiante y apasionado- lo que es el verdadero amor. Es devoción ciega, humillación absoluta, total sumisión, fe y confianza contra uno mismo y el mundo entero, plena entrega del alma y el corazón al que te lo destroza...¡Como hice yo!"
 
Mi voto: 6
 
 
Cine;
-Grandes esperanzas. (1917, EEUU) Robert G. Vignola, Paul West.
-Grandes esperanzas. (1922, Dinamarca) A.W. Sandberg.
-Grandes esperanzas. (1934, EEUU) Stuart Walker.
-Cadenas rotas. (1946, Reino Unido) Davis Lean.
-Grandes esperanzas. (1998, EEUU) Alfonso Cuarón.
-Grandes esperanzas. (2012, Reino Unido) Mike Newell.