Algunos libros son leídos, otros devorados, poquísimos masticados y digeridos.
(Francis Bacon)

domingo, 21 de julio de 2013

Molloy - Samuel Beckett

Autor: Samuel Beckett
ISBN: 978-84-206-0857-0
Género: Literatura contemporánea
Editorial: Alianza
Fecha publicación: 1951
Fecha edición: 2010
Páginas: 263
 
Sinopsis:
Primera de las novelas de la gran trilogía que completan Malone muere y El innombrable. Molloy constituye el punto de arranque de la etapa en que, tras la Segunda Guerra Mundial, Samuel Beckett (1906-1989) abandona el ingles en favor del francés como lengua literaria y ahonda en la visión trágica del mundo contemporáneo a través de imágenes en las que lo grotesco sirve para potenciar al máximo el patetismo y desolación de la vida humana.
La enajenación, la soledad, la falta de identidad y el anonimato condenan a los personajes del novelista irlandés a una lucha sin sentido con su propia existencia, para la que ni siquiera la aniquilación final de la muerte constituye ya una esperanza.
 
Fragmentos;
A mí lo que me gustaría es hablar de las cosas que aún me quedan, despedirme, terminar de morirme de una vez. No me dejan.
...
Que no vengan a hablarme de la luna, en mi noche no hay luna, y si alguna vez hablo de las estrellas se debe a un descuido.
...
Mi madre me veía con gusto, es decir, me recibía con gusto, pues hacía mucho tiempo que no veía nada. Haré lo posible por hablar de ella con serenidad. Éramos los dos tan viejos, yo había nacido siendo ella tan joven, que parecíamos una pareja de viejos compinches, sin sexo, sin parentesco, con los mismos recuerdos, los mismos rencores, las mismas esperanzas. No me llamaba nunca hijo, cosa que por otra parte yo tampoco habría soportado, sino Dan, no sé por qué, no me llamo Dan. Quizá Dan era el nombre de mi padre, sí, quizá me tomaba por mi padre. Yo la tomaba por mi madre y ella me tomaba por mi padre. (...) Cuando tenía que darle algún nombre la llamaba Mag. Y la llamaba Mag porque, aunque no hubiera sabido razonarlo, para mí la letra g abolía la sílaba ma, le escupía en la cara, por así decirlo, mejor que cualquier otra letra. Y al mismo tiempo así satisfacía una necesidad, profunda y sin duda inconfesada, la necesidad de tener una ma, es decir, una mamá, y de anunciarlo en voz alta. Porque antes de decir mag se dice ma, es evidente. Y da, en mi tierra, quiere decir papá.
...
Terminé comprendiendo que mi modo de reposar, mi actitud durante el reposo, a horcajadas sobre mi bicicleta, el brazo sobre el manillar, la cabeza entre los brazos, atentaba ya no recuerdo contra qué, el orden, el pudor. Señalé modestamente mis muletas y aventuré algunos rumores sobre mi enfermedad, que me obligaba a reposar como podía y no como debía. Entonces creí comprender que no había dos leyes, una para los sanos y otra para los inválidos, sino una sola, a la que debían someterse ricos y pobres, jóvenes y viejos, felices y desdichados.
...
Voy a advertiros de una cosa: cuando las asistentas sociales os ofrecen graciosamente una bazofia como para ni mirarla, lo cual en ellas constituye una obsesión, es inútil mostrarse recalcitrante. Os perseguirán hasta los confines de la tierra blandiendo su vomitivo. Las del Ejército de Salvación no están mucho mejor. No, relamente no conozco defensa alguna contra el gesto caritativo. Hay que inclinar la cabeza, tendiendo las manos confusas y temblorosas, y decir gracias, señora; gracias, buena señora. El que no tiene nada no tiene derecho a despreciar la mierda.
...
Me parece mucho más peligroso el dolor que se reprime.
...
Aquella noche emprendí el camino de regreso. No fui muy lejos. Pero fue un comienzo. El primer paso es lo que cuenta. El segundo ya cuenta menos.
...
13.º ¿Qué diantres hacía Dios antes de la creación?
...
17.º ¿Qué iba a hacer hasta el momento de mi muerte? ¿No podría hallarse algún medio de adelantarla sin incurrir en pecado?
...
 
 
Beckett siempre me impresiona.
Con Beckett he descubierto que una "novela" no tiene siempre que exponernos un "caso", no siempre tiene que contarnos una experiencia personal, ni la historia de Molloy, ni la de Moran (protagonistas ambos de este libro)... No, el arte de Beckett es precisamente un... "algo", no un algo contado sobre ese algo.
Beckett consigue que la atención del lector no vaya dirigida a lo que nos cuenta (porque algo nos cuenta), si no al modo de contárnoslo.
Beckett no narra, reflexiona.
Y en esa reflexión nos presenta a Molloy y a Moran, los dos buscan algo; Molloy, a su madre, Moran a Molloy. Nos cuenta una historia, sí, pero ésta es sólo el pretexto.
Esas búsquedas vienen salpicadas; nos salpica la vejez, la enfermedad, la inmovilidad, el estancamiento... síntomas físicos del paso del tiempo. Y esas lesiones físicas, ese envejecimiento del cuerpo no hacen sino mostrarnos la alteración, la descomposición y la incapacidad humana (no de la humanidad, si no del individuo/s), y con esa soledad que acompaña a los "buscadores", con su misma supervivencia -porque ninguno vive, sobrevive-, marcada por enfermedades, parálisis, amputaciones, abandonos... Beckett nos muestra que todos estamos enfermos, inmóviles, amputados. Y solos.
Y es que, como Molloy, transitamos por la vida "chupando piedras", empeñados en contarlas, en no gastarlas demasiado, en mantenernos ocupados en "nada" mientras la vida se nos escapa.
 
La histora se presenta en dos partes; la primera la de Molloy, la segunda, la de Moran. Dos monólogos. Son como dos relatos independientes pero a la vez imprescindibles el uno del otro. Los sucesos del primero se reproducen en el segundo y aunque todo parezca precipitarse al vacío, aunque todo se nos presente igual, aunque no estemos seguros de si los sucesos son reales o imaginarios, lo que Beckett nos ofrece es buscar una meta, esa meta que se aleja hasta cuando parece ya cercana.
 Así es la vida.
 
Y llegamos al final.
Todo lo leído hasta el momento se tambalea. ¿Quién es Molloy? ¿Y Moran? ¿Tendré suficientes piedras para el camino? ¿Es verdad que no llueve?
Penetré en el misterioso terreno de Beckett. ¿O no entré? Lo que sí sé es que no he salido...
Y que llegará la medianoche. Y que lloverá.
 
Molloy (y me refiero al libro) es...como una continua ansiedad por el acontecimiento que nunca ocurre. La desesperanza de la espera. La inhumanidad.
 
Beckett siempre me impresiona.
Me imagino a Beckett, con esa cara, esa expresión, esas arrugas y esos rasgos tan suyos... menospreciándome por haber hecho un comentario tan ininteligible de su obra, por haberla querido interpretar.
Y podría oír su risa, como podría oír las gotas de lluvia caer. Si es que estuviera lloviendo, claro.
 
 
Mi voto: 8
 
 
 
 
 

miércoles, 3 de julio de 2013

Firmin - Sam Savage

Autor: Sam Savage
Título original: Firmin: Adventures of a Metropolitan Lowlife
ISBN: 978-84-322-2824-7
Género: Narrativa
Editorial: Seix Barral
Fecha de publicación: 2006
Fecha de edición: 2007
Páginas: 222
 
Sinopsis:
Nacido en el sótano de una librería en el Boston de los años 60, Firmin aprende a leer devorando las páginas de un libro. Pero una rata culta es una rata solitaria. Marginada por su familia, busca la amistad de su héroe, el librero, y de un escritor fracasado. A medida que Firmin perfecciona un hambre insaciable por los libros, su emoción y sus miedos se vuelven humanos. Original, brillante y llena de alegorías, Firmin derreocha humor y tristeza, encanto y añoranza por un mundo que entiende el poder redentor de la literatura, un mundo que se desvanece dejando atrás una rata con un alma creativa, una amistad excepcional y una librería desordenada.
 
Fragmentos;
 
Cuando pienso en mamá en ese momento sólo palabras me penetran en la mente. Enrosco la concentración hasta el borde del desvanecimiento y sigo sin ver más que una forma borrosa y las palabras "escasez de tetas"...
...
La verdad es que nunca he estado bien de la cabeza. Lo que pasa es que yo no ataco molinos de viento. Hago algo peor: sueño con atacar molinos de viento, estoy deseando atacar molinos de viento y a veces iamgino que he atacado molinos de viento.
...
Y no tienes que creerte los relatos para que te gusten. Me gustan todos. Me encanta la progresión del planteamiento, del desarrollo  y del desenlace. Me encanta la lenta acumulación de significados, los brumosos paisajes de la imaginación, los recorridos laberínticos, las laderas boscosas, los reflejos en los estanques, los giros trágicos y los deslices cómicos. La única literatura que no soporto es la de las ratas, incluídos los ratones. Me carga el Rata de "El viento en los sauces", tan bondadoso, tan bueno. A Mickey Mouse y a Stuart Little me dan ganas de mearles en la boca. Van por ahí arrastrando los pies, afables, primorosos, se me hincan en el gaznate como espinas de pescado.
...
A pesar de mi inteligencia, de mi tacto, de mi creciente erudición, seguía siendo una criatura de grandes incapacidades. Leer es una cosa, hablar es otra, y no me refiero a hablar en público. No quiero decir que padeciera ninguna fobia social, aunque de hecho, tal fuera el caso. No: me refiero a la propia articulación vocal de la que no era capaz. Mi locuacidad rayaba en la charlatanería, pero estaba condenado al silencio. Vamos, que no tenía voz. Todas esas frases tan bellas que me revoloteaban por la mente como mariposas, de hecho estaban presas en una jaula de la que nunca lograrían evadirse. Todas esas palabras bellas que, una vez bien especiadas hacía sonar en el silencio asfixiado de mi cabeza, eran tan inútiles como los miles, quizá millones, de palabras que había arrancado de los libros para zampármelas, los fragmentos inconexos de novelas enteras, comedias, poemas épicos, diarios íntimos y confesiones escandalosas: todas por el desagüe, mudas, inútiles, desperdiciadas. El problema es fisiológico: no tengo cuerdas vocales adecuadas. Pasaba horas declamando versos de Shakespeare.
Nunca iba más allá de unas pocas variantes ininteligibles del chillido básico. Ahí tenemos a Hamlet, empuñando la daga: chillido, chillido, chillido (y ahí tenemos a Firmin, aguantando la bronca del público, que le arroja los cojines de las butacas). Me sale mejor el fragmento en que Macbeth dice eso de que la vida es un cuento narrado por un idiota, que nada significa: hay que reconocer que en este texto quedan muy propios unos cuantos chillidos bien colocados. ¡Ay, qué payaso! Me rio, por no llorar, otra cosa que, claro está, tampoco puedo hacer.
Ni reír tampoco, ya que estamos, salvo dentro de la cabeza, donde hace más daño que las propias lágrimas.
...
 
 
Seré breve. Cuando el libro saltó a mis manos, no había oído hablar de Firmin ni de su autor, ese señor barbudo que me recordó al ver su foto la de un naúfrago en una isla, y acabé naufragando yo en el mar de palabras, de ternura y tristeza que son la historia de esta rata con la que más de un devorador/a de libros se sentirá identificado;
"Yo, por mi parte, he vivido más que todos ellos y, a cambio, he muerto mil muertes distintas. Cuando muera de verdad, será un aburrimiento."
De fácil lectura, pero no por ello insustancial, divierte y conmueve al mismo tiempo esta rata que renuncia a más de uno de sus congéneres, que odia los encantos de Mickey Mouse o Stuart Little, porque goza de defectos tan humanos como el derrotismo, porque ríe aunque no oigamos sus carcajadas, porque llora aunque no veamos sus lágrimas, porque tiene mucha más humanidad que muchos de los que nos colgamos el título de humanos...
Una fábula moderna, que nos enseña el poder humanizante de la literatura (a cualquiera, sea cuál sea su condición)... pero que al mismo tiempo puede alejarnos del resto del mundo...
 
Y éste sí... es un libro que recomendaría a cualquiera..
 
 
Mi voto: 8
 
 

martes, 18 de junio de 2013

Espera a la primavera, Bandini - John Fante

Autor: John Fante
Título original: Wait until spring, Bandini
ISBN: 9788433968142
Género: Narrativa
Editorial: Anagrama
Fecha de publicación: 1938
Fecha de edición: 2005
Páginas: 224
 
Sinopsis:
América sucumbe a la Gran Depresión. Arturo Bandini, hijo de inmigrantes italianos, transita entre la infancia y la adolescencia. Su padre, Svevo, amante del vino y las mujeres, es albañil, pero en pleno invierno apenas hay trabajo y la inactividad lo desespera. Su madre, María, es una católica ferviente, a un tiempo sumisa y feroz. Esperando la primavera crece el joven Arturo, adolescente turbulento que intenta abrirse camino en la vida y sobrevivir cuando el padre abandona el hogar...
 
Fragmentos;
 
El aire frío le humedeció los ojos. Eran dulces, eran castaños, eran ojos de mujer. Le había quitado los ojos a su madre al nacer, ya que después del nacimiento de Svevo Bandini, la madre no había sido ya la misma, achacosa siempre, siempre con expresión de enferma después del parto, hasta que murió y a Svevo le tocó tener ojos castaños y dulces.
...
Svevo Bandini tenía un esposa que no decía nunca: dame dinero para dar de comer a los niños, pero tenía una esposa de ojos grandes y negros que el amor encendía hasta el empalago, unos ojos muy suyos que le escrutaban furtivamente la boca, las orejas, el estómago y los bolsillos. La astucia de aquellos ojos era triste, pues siempre sabían cuando le había ido bien en los Billares Imperial. ¡Vaya ojos para una esposa! Veían todo lo que él era y esperaba ser, pero su alma jamás.
...
La casa no se había pagado. Era su enemiga aquella casa. Tenía voz y le hablaba siempre, igual que un loro, cotorreándole lo mismo sin parar. Cada vez que sus pies despertaban crujidos en el suelo del soportal, la casa le decía con insolencia: No eres mi dueño, Svevo Bandini
y nunca seré tuya. Cada vez que rozaba el pomo de la puerta principal era lo mismo. Durante quince años la casa le había importunado y exasperado con su cretina independencia. Había ocasiones en que la quería dinamitar y reducir a escombros. Cierta vez había sido muy fuerte la provocación, la provocación de aquella casa que, semejante a una mujer, le incitaba a poseerla. Pero al cabo de trece años había acabado por cansarse y renunciar, y la arrogancia de la casa había aumentado. A Svevo Bandini ya no le importaba. 
...
Arturo Bandini estaba convencido de que cuando muriese no iría al infierno. Para ir al infierno había que cometer un pecado mortal. Él había cometido muchos, lo sabía, pero la confesión lo había salvado. Siempre se confesaba a tiempo, es decir, antes de que la muerte se le presentara. Y tocaba madera cada vez que pensaba en ello: que siempre habría tiempo antes de morir. De modo que Arturo estaba archiconvencido de que cuando muriese no iría al infierno. Por dos motivos. Por la confesión y porque era un corredor muy rápido.
 ...
Te amo, Rosa. Era tan así, tan de aquella manera. Era pobre también, hija de un minero,
pero los chicos mariposeaban a su alrededor para escucharla, porque no les importaba, y él la envidiaba y se sentía orgulloso de ella, al tiempo que se preguntaba si los que la rodeaban solícitos habían pensado alguna vez que él también era italiano, igual que Rosa Pinelli.
Habla conmigo, Rosa. Mira hacia aquí aunque sólo se una vez, hacia aquí, Rosa, donde yo te miro.
...
 -¡Gracias a Dios! ¡Oh, gracias a Dios!
-Sí, mucho a intervenido él en ésto. Soy yo el que ha conseguido el trabajo. Soy ateo, niego la hipótesis de Dios.
...
Su casa.
Hela allí, con luz en la salita. Su casa, un lugar donde nada sucedía nunca, donde hacia calor y donde no moraba la muerte.
-Arturo...
Su madre estaba en la puerta. Pasó junto a ella, entró en la salita cálida y la olió, la sintió, se deleitó en ella. August y Federico se habían acostado ya. Se desnudó aprisa, con furia, en la semioscuridad. Luego se apagó la luz de la salita y la casa quedó a oscuras.
-Arturo.
Fue junto a la cama de su madre.
-Sí.
La madre apartó las frazadas y le tiró del brazo.
-Acuéstate, Arturo, a mi lado.
Hasta los dedos se le antojaron disueltos en lágrimas cuando se acostó junto a su madre y se sumergió en el calor dulce de sus brazos.
...
 
 
 
Días intensos, días tristes.
Esos son los días que inundan la vida de la familia Bandini, la espera a la primavera, para el albañil sin trabajo que es Svevo y para el adolescente que quiere ser jugador de béisbol que es Arturo. Un adolescente que empieza a recibir los primeros golpes de la vida.
Días intensos, días tristes.
Son también los días de John Fante, porque leyéndo, siguiendo, entendiendo y no entendiendo a Svevo, a Arturo, incluso a María, no pude dejar de pensar que este hombre realmente escribía cosas muy personales (ya había leído que Bandini (hijo) era el alter ego del autor, pero una cosa es saberlo y otra... sentirlo).
 
En esta primera novela de la llamada "Tetralogía de Bandini", empaticé con Arturo -como empaticé con Hank Chinaski en "La senda del perdedor", y como el propio Bukowski empatizó con el mismo Arturo- , este adolescente difícil, bocazas, con sus redudantes monólogos interiores, con sus aires de superioridad para con sus hermanos y con su sanísima locura. Le entendí.
Arturo reprocha y admira a su padre casi a partes iguales; Svevo (como su hijo) también espera a la primavera; "¿quién contrata albañiles en invierno?", y aguanta esa espera poniendo sus esperanzas en el juego. No hay "sueño americano" para Svevo Bandini.  Su mujer, en cambio, no pierde la fe, ella cree que rezando se asegura y, lo que es más importante, asegura a los suyos un lugar en el cielo (que no entiende de nacionalidades). María, apocada y dulce afronta y soporta cada día la desesperación de Svevo y las travesuras de sus hijos.
 
Arturo no es italiano, eso quiere dejarlo claro. Arturo tiene muchos deseos:
Arturo quiere huír de su familia empobrecida, de la escuela católica que lo satura de culpas. Quiere ser jugador de beisbol en los Yankis. Quiere que llegue la primavera para poder salir al campo a jugar a su deporte favorito con sus compañeros. Quiere que su madre vuelva a ser una madre valiente y hermosa. Quiere negar que sabe que su madre ya no es así en gran parte por culpa de su padre. Quiere que su padre tenga éxito en todo lo que se proponga. Y sobre todo quiere que Rosa Pinelli lo mire a él como él la mira a ella. Arturo Bandini será, algún día, el marido de Rosa Pinelli -se dice-.
Pero.... la nieve y la pobreza parecen aliarse en contra de Arturo.
La primavera parece que no llegará nunca. El invierno es largo, y antes de llegar a la primavera llegarán las Navidades, otra demostración más de su condición. Las Navidades están hechas para los niños ricos.
Su padre se va de casa...
Y Rosa Pinelli... su Rosa, ni lo mira..
 
La historia de Arturo puede parecer una historia vulgar (Fante parece dedicarse "sólo" a querer contarnos la historia), pero es provocadora y tristemente hermosa...
Arturo comete fechorías; roba (por amor), se mete con sus hermanos, dice obscenidades, blasfema, no soporta a su abuela e incluso...."mata". 
 Pero es que Arturo es todavía un niño, un niño que quiere olvidarse de todo y jugar (y al final le toca jugar a ser adulto).
Y a Arturo, el peso de la familia, el peso de la religión e incluso el peso del amor terminan por sepultarlo -a la espera de la primavera- en la nieve.
Pero Arturo no se rinde, sabe que algún día saldrá el sol primaveral que derretirá la nieve y lo librará de su sepultura...
 
"Espera a la primavera, Bandini" es una novela "realista". La historia parece no ir a ninguna parte, más allá de la interminable espera... pero aún así, Fante te va enganchando a esta historia familiar, te va cargando de sentimientos encontrados... 
No hay final.
De repente... te encuentras en la última página.
No hay nada más.
Y sin embargo... el final lo desata todo.
 
-Pronto será primavera -dijo Svevo.
Mientras tanto... días intensos, días tristes...
 
Seguiré los pasos de Arturo Bandini...(o de John Fante)..
 
 
Mi voto: 7
 
Cine;
-Espera la primavera, Bandini. (1989. Bélgica) Dominique Deruddere.
 
 
 

martes, 11 de junio de 2013

Homo Faber - Max Frisch

Autor: Max Frisch
ISBN: 84-89669-53-8
Título original: Homo Faber
Género: Literatura contemporánea
Editorial: Diario El País, S.L.
Fecha de publicación: 1957
Fecha de edición: 2002
Número de páginas: 261
 
Sinopsis;
El ingeniro Walter Faber está acostumbrado a que el mundo responda técnicamente, de acuerdo con la ley de probabilidades. Siempre ha tenido el más absoluto control de las cosas y las personas que lo rodean, hasta que llega a Corinto y la tragedia irrumpe en su vida con toda su implacable y humana violencia.
 
Fragmentos;
 
(...) Claro que no me refería a los robots como suelen pintarlos las revistas ilustradas, sino a las máquinas de calcular de gran velocidad, los llamados cerebros electrónicos, máquinas que actualmente superan ya a cualquier cerebro humano. Son capaces de realizar 2.000.000 de sumas o restas en un minuto. En el mismo tiempo realizan un cálculo infinitesimal, calculan logaritmos a una velocidad superior a la que nosotros necesitamos para leer el resultado, y un problema que antes hubiera exigido toda la vida de un matemático lo resuelven en pocas horas y en forma mucho más segura; la máquina no puede olvidar nada porque comprende todas las informaciones necesarias mucho mejor que un cerebro humano y en ella no cabe margen de error. Pero sobre todo, la máquina no tiene experiencias, no tiene miedo ni esperanzas, sólo sirven para estorbar, no tiene deseos en cuanto al resultado, sino que trabaja según la pura lógica de la probabilidad, por eso sostengo yo que el robot comprende mejor que el hombre, sabe mejor lo que sucederá en el futuro que nosotros, porque lo calcula, no especula ni sueña, sino que es gobernada por sus propios resultados y no puede equivocarse; el robot no necesita intuiciones...
...
La muchacha quiso salir en mi ayuda y, en vista de que yo no conocía las esculturas del Louvre, llevó la conversación hacia los robots; pero yo no tenía ganas de hablar de robots y me limité a decir que las esculturas y esas cosas no son otra cosa (para mí) que antepasados de los robots. Los primitivos trataban de anular la muerte reproduciendo el cuerpo humano; nosotros, en cambio, lo hacemos sustituyendo al hombre. Técnica en lugar de mística.
...
(...) La interrupción del embarazo es hoy en día una cosa completamente comprensible. Fijémonos un poco: ¿adónde iríamos a parar si no hubiera aborto voluntario? El progreso de la medicina y la técnica obligan precisamente al hombre consciente a tomar nuevas medidas. En un siglo, la humanidad se ha triplicado. Antes no había higiene. Engendrar y parir y dejar que los hijos se mueran durante el primer año, como quiere la Madre Naturaleza, es más primitivo, pero no más moral. Lucha contra la fiebre puerperal. Cesáreas. Incubadoras para los prematuros. Hoy nos tomamos la vida más en serio que antes. Johann Sebastian Bach puso trece hijos (o algo así) en el mundo, de los cuales no vivieron ni el 50 por ciento. Las personas no son conejos, sino resultado del progreso: hemos de regular nosotros mismos las cosas. Amenazadora superpoblación de la Tierra.
(...) Así lo hace la Naturaleza en todas partes: superproducción para asegurar la conservación de la especie. Pero nosotros tenemos otros medios para asegurarla. ¡Gloria a la vida! La natural superproducción (si los hombres se siguen reproduciendo alegremente como las bestias) se convertirá en catástrofe; no será la conservación de la especie, sino la destrucción de la especie.
(...) Un vistazo a las estadísticas: regresión de la tuberculosis, por ejemplo, éxito de la profilaxis, ha disminuido de un 30 por ciento a un 8 por ciento. Nuestro Señor lo hacía con epidemias; nosotros le hemos quitado las epidemias de las manos. Consecuencia: tenemos que quitarle también de las manos la reproducción. Nada de remordimientos, al contrario: la dignidad del hombre de actuar con cordura y decidir por su cuenta. Si no, tendremos que sustituir las epidemias por guerras. Se acabaron los romanticismos.
Quien se niegue rotundamente a aceptar el aborto voluntario es un romántico y un irresponsable. Naturalmente, no hay que practicarlo a la ligera, pero sí aceptar el principio: tenemos que enfrentarnos con el hecho de que la existencia de la humanidad es, en el último término, una cuestión de materias primas. Es una aberración fomentar públicamente la natalidad en países fascistas, pero también en Francia. Es una cuestión de espacio vital. No hay que olvidar la mecanización: ya no necesitamos tanta gente. Sería más sensato aumentar el nivel medio de vida. Todo lo demás conduce a la guerra y a la destrucción total. La incultura y la falta de objetividad están todavía muy difundidas. Siempre son los moralistas los que más desgracias ocasionan. El aborto provocado es una consecuencia de la cultura; sólo la selva cría y se pudre como quiere la Naturaleza. El hombre planifica. El romanticismo ha sido la causa de mucha infelicidad, de gran número de matrimonios catastróficos que todavía hoy se celebran por miedo a practicar el aborto.
...
(...) pero no es verdad que yo no sea capaz de disfrutar; disfrutaba de cada momento que se lo merecía. Yo no hago aspavientos, no canto, pero disfruto como los demás. ¡Y no únicamente con una buena comida! Tal vez no sepa siempre expresarme....
...
 
Homo faber: El hombre que produce o fabrica.

Este es mi segundo acercamiento al escritor suizo después de "No Soy Stiller", que me costó mucho más terminar. Homo Faber tiene un ritmo mucho más ágil, se lee rápidamente, reconozco que al principio, cuando empiezas a intuir qué va a ocurrir, el "motivo" que provoca la transformación del protagonista, llegué a pensar que aquello no me iba a gustar. Me equivoqué.

Creo que Frish nos plantea, ante todo, el paradigma del hombre en lucha contra su propia negación. Nos muestra a su protagonista, Walter Faber, como un hombre solitario, individualista y que se piensa libre. Un hombre que sólo cree en lo que logra ser probado por las estadísticas o las probabilidades. Para él el destino no existe.
Y otra vez (dos de dos) Frisch y la identidad. Para el autor suizo parece que la identidad tiene una doble variante: por una parte, la imagen que los demás tienen de uno mismo (de esto trata bastante en "No soy Stiller"); por la otra, lo que uno es para sí mismo, en Homo Faber, Walter, no de una manera explícita pero sí insistente se pregunta quién es, qué es, qué está haciendo con su vida...

Y Walter... es ingeniero y trabaja para la UNESCO en los países subdesarrollados..
Y a Walter... no le gusta soñar, ni le gustan las novelas.

La historia empieza con un incidente aéreo. A pesar de lo improbable que para Walter resulta, dos turbinas fallan, primero una, luego la otra... y no queda otra que un aterrizaje de emergencia, en mitad de un desierto mexicano, un paraje inhóspito a 70 kilómetros de cualquier punto habitado. Un territorio caluroso, asolado por la aridez, yermo... pero de algún modo amenazante para el Homo Faber que es Walter...
Este percance establece el que será el argumento principal de la obra. El avión es una de las más grandiosas creaciones de la ingeniría, y para Walter, diseñador de turbinas, el avión tiene casi una categoría de infalible. Por lo tanto, el aterrizaje forzoso en la naturaleza seca e inhóspita simboliza la ruptura de las certezas, la llegada de sucesos no previstos en su destino....
Y...¿qué pasa cuando las certezas y convicciones de uno se rompen, desaparecen? A Walter lo que le ocurre es que acaba transitando desde su cómodo y tranquilo mundo de probabilidades hasta la admisión de las contrariedades, del destino, del instinto... y admitir todo ello, tener que rectificar, a él parece que se le antoja el fracaso de una vida;
"Instrucciones en caso de defunción: todos los testimonios de mi vida, como son confesiones, cartas y cuadernos de notas, deben ser destruídos, nada es verdad."

Pronto conoceremos -y conocerá Walter- que las leyes de la probabilidad han vuelto a fallarle. Hay muchas coincidencias, importantes pero que no detallaré para evitar contar demasiado y para intentar no explayarme mucho más...
En la inquebrantable existencia de Walter todo tenía su lugar con un grado de certeza, pero el accidente aéreo abre una fisura por la que parece -a base de casualidades, algunas casi inverosímiles- querer colarse la fatalidad....

Después, el viaje en barco, la irrupción de la chica de la cola de caballo rojiza (Sabeth), y otra vez la fatalidad...
El reencuentro con Hanna después de veinte años (su único amor), la esperanza...

Walter ha cambiado.
Hay un pasaje, en Nueva York, después de todo lo ocurrido, en el que Faber, medio borracho, llama a su propia casa y alguien que no es él, le constesta. Sorprendido, vuelve a hacerlo varias veces. Mismo resultado. Incluso le pide a un camarero que lo haga, que llame por él. Mismo resultado...
Creo que lo que pretende indicarnos Frisch aquí es que Walter está llamando a alguien que ya no es él. Ese modo de exponerlo me pareció sublime.
Walter ha cambiazo.
Quizá demasiado tarde.

El estilo que usa Frisch puede resultar algo frío, a veces apático, pero acaba resultando concordante con el carácter de Faber, y alcanza una transformación del tono narrativo a medida que se desarrolla la historia y las circunstancias del protagonista van cambiando. Me gustó esa evolución...

Max Frisch sigue haciendo que me pregunte muchas cosas.
Y para eso nunca es tarde.

"Ya vienen." -Dice Walter...
 
Mi voto: 8
 
 
Cine;
-El viajero. (1991 Alemania)Volker Schlöndorff
 
 
 

martes, 4 de junio de 2013

Las partículas elementales - Michel Houellebecq

Autor: Michel Houellebecq
Título original: Les  particules élémentaires
ISBN: 9788433967305
Género:Narrativa
Editorial: ANAGRAMA
Fecha publicación: 1998
Fecha de edición: 2011
Número de páginas: 220
 
 
Sinopsis;
En Las partículas elementales, Houellebecq lleva a sus últimas consecuencias su frase: "Toda sociedad tiene sus puntos débiles, sus llagas. Meted el dedo en la llaga y apretad bien fuerte." La novela narra el improbable nudo que unirá los destinos de dos hermanastros: Miche, prestigioso investigador en biología, especie de monje científico que a los cuarenta años a renunciado a su sexualidad y sólo pasea para ir al supermercado; y Bruno, también cuarentón, profesor de literatura, obsesionado por el sexo, consumidor de pornografía, misógino, racista, un virtuoso del resentimiento. Encarnación consumada, en fin, de una sociedad en la que la velocidad de el placer no deja tiempo al nacimiento del deseo. Ambos han sido abandonados por una madre que prefirió una comunidad hippie en California a cualquier otro empeño.
 
 
Fragmentos;
 
Él sólo quería amar; al menos no pedía nada. Nada concreto. La vida, pensaba Michel, tenía que ser algo sencillo; algo que pudiera vivirse como un conjunto de pequeños ritos, indefinidamente repetidos. Ritos al fin y al cabo un poco estúpidos, pero en los que, en el fondo, se pudiera creer. Una vida sin apuestas y sin dramas. Pero la vida de los hombres no estaba organizada así. A veces salía, observaba a los adolescentes y los edificios. Una cosa era segura: nadie sabía ya cómo vivir. Bueno, estaba exagerando: algunos parecían movilizados, como si los arrastrara una causa; su vida parecía cargada de sentido. Los militantes de "Act Up", por ejemplo, creían importante que pusieran anuncios en la tele que otros consideraban pornográficos, en los que se veían diversas prácticas homosexuales filmadas en primer plano. Por lo general, su vida parecía agradable y activa, salpicada de acontecimientos variados. Tenían muchos amantes, se daban por culo en los "backrooms". A veces los preservativos resbalaban o se rompían. Entonces se morían de sida; pero también esa muerte tenía un sentido militante y digno. por otra parte, la televisión, sobre todo el primer canal, daba una lección permanente de dignidad. De adolescente, Michel creía que el sufrimiento otorgaba al hombre una dignidad adicional. Ahora tenía que reconocer que estaba equivocado. Lo que otorgaba al hombre una dignidad adicional era la televisión.
...
En el fondo, se preguntaba Michel observando los movimientos del sol sobre las cortinas; ¿para qué servían los hombres? Puede que en épocas anteriores, cuando había muchos osos, la virilidad desempeñara un papel específico e insustituible; pero hacía siglos que los hombres, evidentemente, ya no servían para casi nada. A veces mataban el aburrimiento jugando partidos de tenis, cosa que era un mal menor; pero a veces les parecía útil avanzar la historia, es decir, provocar revoluciones y guerras, esencialmente.
...
La palabra que crea una relación, tambien puede separar.
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Una mentira es útil cuando permite transformar la realidad, pensó; pero cuando la transformación fracasa sólo queda la mentira, la amargura y la conciencia de la mentira.
...
Puede que la vejez sea eso; las reacciones emocionales se embotan, hay pocos rencores y pocas alegrías; uno se preocupa sobre todo por el funcionamiento de sus órganos, por su precario equilibrio.
...
Acumulamos recuerdos para sentirnos menos solos en el momento de la muerte.
...
El humor no nos salva; no sirve prácticamente para nada. Uno puede enfrentarse a los acontecimientos de la vida con humor durante años, a veces muchos años, y en algunos casos puede mantener una actitud humorística casi hasta el final; pero la vida siempre nos rompe el corazón. Por mucho valor, sangre fría y humor que uno acumule a lo largo de su vida, siempre acaba con el corazón destrozado. Y entonces uno deja de reirse. A fin de cuentas ya sólo quedan la soledad, el frío y el silencio. A fin de cuentas, sólo queda la muerte.
...
 
 
 
 Creo que lo que Houllebecq se propone en gran parte con este libro (y consigue) es, ante todo, una crítica despiadada a la sociedad a partir del "yo", del individuo y de cómo con sus decisiones individuales se condiciona a sí mismo y condiciona lo (y a quién) le rodea. Creo que es, sobre todo, una crítica al individualismo.
Houllebecq parece pensar que cuando se tomó conciecia y se implantó la modernidad a la tradición, ésta nos implantó el individualismo, al creer que sólo desde él mismo se podría conseguir la felicidad...
Y el egoísmo que conlleva el individualismo acabó convirtiéndose en el eje sobre el que gira nuestra sociedad...
Porque para el autor, el individualismo es como una enfermedad que nos provoca una sed difícilmente saciable, que, además, es utilizado por el propio sistema para, en vez de ayudarnos y rescatarnos de este mal, nos esclaviza, y lo único que se consigue es encerrar al individuo en su propia soledad, en una infinidad de deseos, la mayoría de ellos impuestos, la mayoría de ellos imposibles de satisfacer... Esto es lo que me pareció que intentaba Houellebecq hacernos creer, que esa espiral de deseos egoístas, difícilmente se podrá parar, porque si de algo carece el hombre expuesto en esta novela es de futuro....y de libertad.
Dice el propio autor en la contraportada; "Meted el dedo en la llaga y apretad bien fuerte." Y vaya si aprieta. Aprieta y consigue escocer; la desolación y la soledad inundan muchas de sus páginas, porque lo que se nos muestra es un ser humano que ha fracaso, una sociedad degradada, en la que es difícil la comunicación, en la que las religiones han fracasado... Y ésto parece llevar a Michel (uno de los hermanos protagonistas) a creer (y dedicar por entero su vida) a que la única salvación es la ciencia, pero la ciencia carece de calor, es fría, no consuela ni ofrece un hombro en el que llorar. La ciencia para cambiar al hombre... Pero la ciencia también es egoísta... Y su sueño se va desvaneciendo, pero aún así, no puede dejar de abrazar a la ciencia..
Otra de las cosas que también destacaría es la importancia y las consecuencias de el paso del tiempo, del declive al que los años someten (y nos someten) a los protagonistas, sobre todo al envejecimiento físico debido a la importancia que se le da hoy en día, en una sociedad en la que reina lo estético...
También el amor, pese a estar poco nombrado, juega un papel importante en la novela, los personajes femeninos; la madre de ambos, Anabelle (la chica a la que cualquier hombre amaría) y Cristiane (la mujer a la que cualquier hombre querría "acompañar" en los asuntos carnales), acompañan (unas veces físicamente y otras veces con sus ausencias) y transforman a ambos hermanos.
Y sí, es verdad, el sexo y la ciencia (de lo segundo se critica menos al hablar de la novela), ocupan muchas páginas. ´
¿Eso la hace peor novela? No lo creo, más que nada porque hay partes del libro en el que se expone y trata la llamada supuesta liberación sexual (Mayo del 68, el auge del movimiento hippie, étc..), y porque el personaje de Bruno está especialmente condicionado por el sexo y esas "escenas" nos ayudan a conocer sus fobias y a conocerlo un poco a él. Houellebecq utiliza el sexo (a veces explícitamente, sí), como catalizador de angustias, de frustraciones, y de la exclavitud que más de uno padece con respecto a él...
Y el personaje de Michel, cómo no, está condicionado por la ciencia, que también ocupa páginas y páginas. Sus investigaciones luego son utilizadas y puestas en prácticas para llegar al final (que viene a ser como otro principio) de la historia...
Hay una discusión curiosa entre ambos hermanos sobre el libro de Aldous Huxley "Un mundo feliz", que no me atrevo a comentar porque aún no lo leí (por casa lo tengo, le haré un hueco pronto)...
Definiría este libro como una novela entre la ciencia ficción y el nihilismo.
Y como cualquier obra en parte nihilista, recomendable... pero no a cualquiera...
 
 
Mi voto: 7
 
 
Cine;
-Las partículas elementales.(2006. Alemania) Oskar Roehler.

 
                                                          
                                      
                                                           
                                                           
                                                           
                                                            
                                                                      
 
 
 
 
 




miércoles, 29 de mayo de 2013

La Parranda - Eduardo Blanco Amor

Autor: Eduardo Blanco Amor
Título original: A esmorga
ISBN: 9788433410863
Género: Narrativa
Editorial: Ediciones Júcar
Fecha de publicación: 1959
Fecha de edición: 1985
Número de páginas: 160
 
Sinopsis;
La novela, «comenzada por una visión seminconsciente de mi infancia», dice su autor, fue escrita de un tirón, en poco más de un mes. El escritor parecía liberarse así de viejos fantasmas. Blanco-Amor concentra en ella todo un mundo marginal de prostitutas, camorristas, machos elementales y machos con corazón de mujer, en una ciudad, Auria, que podía ser cualquiera de la lastimada geografía española de principios de siglo. La parranda es la novela de un crimen, de una muerte que se espera desde el principio y que el escritor retrasa, sabiamente, bajo el celaje ritual de la lluvia, monótona, constante, interminable. Pero es también la historia de la tensión secreta de un personaje, Milhomes, que partícipe de un itinerario violento de veinticuatro horas con dos compañeros de borrachera y juerga, se arrastra hacia un previsible y violento final presidido por la muerte.
 
Fragmentos;
 
(...) Si no pensase tanto, me decía para mis adentros, sería como esos que están ahí a sus anchas, con el bandullo lleno de comida, durmiendo como chicos entre una diablura y otra, que así es, y cada uno es como es... Pero yo no, yo cavilo las cosas, pasando de las que son a las que no son, y de unas en otras siempre llego a la muerte, y entonces ya no pienso más, porque al llegar ahí es cuando me coge de lleno el "pensamiento", que es como marcharme de este mundo, y que no es el irle pasando las cosas a uno por la mollera, una a una, como suelen, con sus lugares, sus caras y el nombre de las cosas. El "pensamiento" es venir todo junto y embrollado en un solo instante, hasta que ya no aguanto más y todo se me borra... Que así es la cosa, como si fuese enfermedad, aunque doler no me duele nada. Cuando me viene de repente, es como algo que se me creció, así, como dentro de la tabla del pecho, perdonando el modo de señalar, como si me quisieran estallar los pulsos, y que me lleno todo de una fuerza tal como si fuese a saltar en pedazos.
¡Qué barbaridad! Pero otras veces me viene adespacio, y es como una cansera, como cuando uno se empieza a dormir, y comienzo de hundirme, de hundirme, que es cuando más miedo me da, que despierto de un salto, porque tengo cavilado que si me dejo ir hasta hundirme del todo la cosa no va a parar hasta la muerte. Y, si a mano viene, puede ser que sea la muerte que anda ansiosa de mí para llevarme sin enfermedad, como quien se duerme, que ya se han visto casos... y las más de las veces que me doy al vino es para librarme de eso, aunque no se crea, pero cada uno sabe lo suyo y Dios lo de todos. El vino es lo único que me aparta del "pensamiento", lo único que me saca de este ir cayéndome para dentro de mí, que no me puedo parar sino en la muerte...
No sé si usía me entendió, pero ahora ya lo sabe todo.
...
 
-No, señor, no tengo ni más ni menos ganas de hablar que ayer. Lo que pasa es que, de aquí en adelante, tengo que pensar bien las cosas antes de soltarlas... Tengo que removerlas bien, es un decir... Toda esta noche les estuve dando vueltas, que lleve el diablo lo que dormí, pues se me enredaban todas en la cabeza como aquel que no puede discernir; a caballo unas de las otras por la mollera, que hasta me semeja que tantas no son  para pasarlas en una sola noche.
...
 
-¿Y qué más hechos quiere usía? Los hechos son estos, uno a uno, tal como fueron sucediendo. Ya dije que el final de todos ellos fue por las cosas que antes pasaron, y todo ha de decirse, que si las cosas no hubieran pasado así, tampoco el fin hubiera sido como fue, ya lo dije también. Aunque lo cierto es que cada cosa que hacíamos no era como las que se suelen hacer en las parrandas, que todas son trastadas de diversión y mocedad, y que luego tienen remedio... Nosotros íbamos haciéndolas de mal en peor, como si las hiciésemos sin darnos cuenta, para que luego no tuvieran remedio, como quien va cerrando puertas tras sí y tirando las llaves, que eso es lo que quiero decir: como aquel que va hacia su perdición, sin más.
 
 
 
El "padecedor" de ese "pensamiento" no es otro que Cipriano (también llamado Cibrián o el Castizo), protagonista y narrador de los hechos...

Prácticamente todo el texto de la novela (salvando el comienzo; "Documentación", y el párrafo final que nos cuenta cómo acabó la juerga (La parranda) del Castizo y sus amigos) se basa en el amplio testimonio que el juerguista expone ante un juez, cuyas preguntas sólo conoceremos a través de las respuestas de Cipriano, pues durante toda la obra son sustituídas por guiones, un ejemplo;
-
-Sí, señor... Pues tengo que decir que seguía lloviendo a chuzos.

A través de ese "diálogo", Blanco Amor parece querer mostrarnos, sin "enseñarnos" las palabras, quien tiene el poder y los medios de presión...
Y es que el juez (el poderoso), es el de fuera, el "extranjero", y la distancia infranqueable entre el que interroga y el interrogado se marca constantemente -con una firme intención irónica- en las frecuentes aclaraciones, correcciones y divagaciones de las respuestas...
El diálogo acaba siendo trabajoso y hasta en cierto modo imposible, el juez sólo quiere respuestas concretas, el Castizo necesita, además..un desahogo..
Y así, ante los oídos del poderoso, siempre mudo, va desgranándose la inmoral historia de las correrías de Cipriano y sus amigos; Juanito el "Bocas" y Eladio el "Milhombres"...

Y esa historia es el enloquecido vaivén de una borrachera sin fin, la crónica de unas manos manchadas de sangre, la desolación de un viaje alucinado hasta el fondo de la botella, el esperpento desenfrenado que parece no buscar redención en unos, pero ser la última meta de nuestro narrador...
Y es también la historia de una virilidad mal entendida, de una sexsualidad no aceptada, de la tristeza no reconocida de Socorrito (protagonista fugaz pero importante en la historia)... y del final inmerecido que le espera..

Así que "La Parranda" acaba siendo la crónica de un mundo mísero y miserable, un terreno de claroscuros violentos y grotescos, unos hombres siempre mojados (por fuera por la incesante lluvia -omnipresente a lo largo la historia-, por dentro por el incesante trasiego de alcohol)...

Una fuerza ineludible parece conducir los pasos de los protagonistas hacia la desgracia; así parece entenderlo el Castizo en su orgullosa y autoimpuesta mansedumbre ante el juez...

Y cómo no, es la historia del padecer ese "pensamiento" (que cada lector le ponga la definición que crea conveniente)...
Y de cómo se quiso ser... y se acabó siendo...
 
Mi voto: 8
 
Cine;
-Parranda. (1977-España) Gonzalo Suárez

 



miércoles, 22 de mayo de 2013

Viaje al fin de la noche -Louis Ferdinand Céline (2)

 
Fragmentos;
 
Los hombres se aferran a sus cochinos recuerdos, a todas sus desgracias, y no hay quien los saque de ahí. Con eso ocupan el alma. Se vengan de la injusticia de su presente trabajándose en lo más hondo de su interior con mierda. Justos y cobardes son, en lo más hondo. Es su naturaleza.
...
Las ideas acaban también teniendo su domingo, te sientes más atontado aún que de costumbre.*
...
Enamorarse no es nada, permanecer juntos es lo difícil. La basura, en cambio, no pretende durar ni crecer. En ese sentido, somos mucho más desgraciados que la mierda, ese empeño de perseverar en nuestro estado constituye la increíble tortura.
Está visto que no adoramos nada más divino que nuestro olor. Toda nuestra desgracia se debe a que debemos seguir siendo Jean, Pierre o Gaston, a toda costa, durante años y años. Este cuerpo nuestro, disfrazado de moléculas agitadas y triviales, se revela todo el tiempo contra esta farsa atroz del durar. Quieren ir a perderse, nuestras moléculas, ¡ricuras!, lo más rápido posible, en el universo. Sufren por ser sólo "nosotros", cornudos del infinito. Estallaríamos, si tuviéramos valor; no hacemos sino flaquear día tras día.
...
El dolor se exhibe, mientras que el placer y la necesidad dan vergüenza.
...
Años después, cuando lo piensas, resulta que te gustaría mucho recuperar las palabras que dijeron ciertas personas y a las propias personas para preguntarles qué querían decir... Pero, ¡se marcharon para siempre!... No tenías bastante instrucción para comprenderlas... Te gustaría saber si no cambiarían tal vez de opinión más adelante... Pero es demasiado tarde... ¡Se acabó!
...
Cuando paseábamos juntos por las calles frecuentadas, la gente se volvía para compadecer al ciego. Tiene piedad, la gente, de los inválidos y los ciegos y se puede decir que tienen amor en reserva. Hay en cantidad. No se puede negar. Sólo, que es una pena que siga siendo tan cabrona, la gente, con tanto amor en reserva. No sale y se acabó. Se les queda ahí dentro, no les sirve de nada. Revientan, de amor, dentro.
...
 
Reconozco que me cuesta muchísimo "reseñar" un libro que no me ha gustado en absoluto, pero después de Viajar por la noche de Céline, me di cuenta de que soy igual de incapaz si la lectura me ha dejado sin palabras, pero lo intenté;
Y es que "enfrentarse" a este viaje y salir indemne es imposible.
Céline, con el viaje a su propia noche lo que consigue es una radiografía demoledora de la condición humana (una humanidad bastante deshumanizada). Su noche es su desesperanza (que acaba convirtiéndose en la desesperanza de quien le acompañe en su viaje)...
Su lectura nos habla de verdades como puños, de esas verdades que escuecen, y es que los dos Ferdinand (Barmadu y Céline), son capaces de arrastrarte, de manera vertiginosa, a las entrañas de ti mismo, a esa noche que quisíeramos no tener...
 
El protagonista (el propio Céline), ha peregrinado por el mundo -Francia y sus colonias, Estados Unidos y vuelta a Francia- y parece no haber encontrado ningún motivo que le haga ser optimista, y en su peregrinaje, persigue la noche, como si la noche pudiera mitigar las miserias de su propia existencia...
 
La lectura de este libro no se acaba nunca, no termina después de haber cerrado la última página, no. Si has entendido un poco (aunque sólo sea un poco) a Céline y su mala leche, su nihilismo... este viaje te perseguirá, de vez en cuando te revolverá las tripas, te sacudirá la conciencia y su viaje será tu viaje...
 
En fin, que este ha sido, hasta la fecha, mi mejor viaje literario...
 
(Releyéndome, me doy cuenta de las veces que he repetido las palabras "viaje" y "noche", pero ya avisé de mi incapacidad de trasladar a palabras todo lo que sentí con su lectura).
 
Mi voto: 10